Siete principios básicos de Monte Hor

De Obra FCU
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Un extracto de los principios básicos que podrían darse a conocer de las masas populares que se acercasen voluntariamente a los núcleos instructores: (AE, EN EL MONTE HOR)

1° —La inmortalidad del alma humana, y su progreso constante a través de múltiples existencias físicas, con el fin de conquistarse su propia felicidad.

2° —Que la Suprema Potencia, Dios, es el Bien, es el Amor, es la Justicia, y ha grabado en la esencia misma del alma humana, el principio eterno que es su única ley: “No hagas a otro lo que no quieras para ti”. Los dolores, los males, las llamadas desgracias ocurridas a los seres, no son castigos de esa Suprema Potencia; son tan sólo consecuencias de las transgresiones del hombre a la Divina Ley, si no en la vida presente, en una anterior.

3° —Para la Suprema Potencia, Dios, no hay seres privilegiados, porque tal afirmación sería una negación del Amor y de la Justicia Divina, que se derrama por igual sobre toda criatura emanada de Él. Hay solamente el Bien, atraído y conquistado, por el acierto y rectitud en el pensar y en el obrar.

4° —El alma humana es libre de obrar el bien o el mal. Si obra el bien, conquista el bien. Si obra el mal, atrae el mal.

5° —La muerte destruye tan sólo el cuerpo material, y da libertad al espíritu, que continúa viviendo ligado por el amor, a los que fueron en vidas físicas, sus afines, amigos o familiares, a los cuales sigue prestando apoyo y cooperación en toda obra de bien y de justicia. Son los ángeles tutelares más íntimos de que hablan todas las religiones.

6° —Sufrimiento eterno, no existe ni puede existir, porque la eternidad es sólo de Dios, que es Bien Supremo, y todo, absolutamente todo, ha de volver a Él. El sufrimiento lo mismo en la vida física, que después de la muerte, es sólo temporal hasta tanto que la inteligencia que sufre, ha comprendido la causa y aceptado los efectos, como medios de reparar el mal causado. Una vez reparados los efectos causados por una mala acción, el alma sigue su camino eterno con mayores facilidades y luces, debido a la experiencia adquirida.

7° —Siendo Dios, Amor Supremo, que sólo por expansión de su Amor, da vida a cuanto existe, sin pedir ni esperar de sus criaturas sino que sean eternamente felices, se deduce que las faltas en contra del amor, deben ser las que atraen al alma más dolorosas consecuencias, y asimismo, que las obras de amor, grandes o pequeñas, sean las que le atraigan mayor progreso, mayor conocimiento y más felicidad.

—Estos siete principios son adaptables a todas las mentalidades, y forman como un corolario a la Ley de Moisés, basada toda en el eterno principio: “No hagas a otro lo que no quieras para ti” –dijo Yhasua, cuando el tío Jaime concluyó la lectura de las anotaciones hechas. —O lo que es igual: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, según lo grabó Moisés en sus tablas de piedra –añadió el príncipe Melchor.