Pedro y Pablo

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Estatuas de Pedro y Pablo en el Vaticano.

Sobre los enfrentamientos[editar]

La versión de Pablo[editar]

Según la Biblia, Gálatas 2:11:

Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Porque antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, pues tenía miedo a los que eran de la circuncisión.

Y en su simulación consentían también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos:

Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?

Del libro "San Pablo" de Ernest Renan, capítulo X:

Hablaron a Pedro, y este hombre, profundamente bueno y recto, que deseaba la paz a toda costa, no sabía contradecir a nadie. Semejante disposición de carácter le hizo cometer esta vez un acto de debilidad. Colocado entre dos clases de personas de las que no podía contentar a una sin disgustar a otras, se aisló completamente, rehusando toda clase de relaciones con los circuncisos.

Semejante proceder hirió extremadamente a los gentiles convertidos, y lo que hubo de más grave todavía, fue que todos los circuncisos le imitaron, puesto que Bernabé mismo, siguiendo aquel ejemplo, evitó sus relaciones con los nuevos cristianos. La cólera de Pablo fue extremada. Semejante conducta equivalía a una excomunión. El apóstol irritado trató esta conducta de hipocresía y acusó a Pedro y a sus imitadores de falsear la recta línea del evangelio.

La versión de Pedro[editar]

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En confidencia íntima, Pedro contaba a Juan: (AE, EL PARAÍSO DE PEDRO)

¿Sabes lo que encontré en Antioquía y cuánto padecí en aquella gran Capital? Disensiones, separatismos, torcidas intenciones, juicios errados, murmuraciones (...)

Aquellos que no le conocieron ni oyeron, y aún fueron enemigos suyos,

gritan tan alto, corren de ciudad en ciudad ostentando el nombre de apóstoles del Cristo encarnado y esparciendo a todos los vientos que nosotros, por nuestra ignorancia, no hemos comprendido su elevada enseñanza (...)

Llegaron al extremo, Juan, de negarme la entrada a uno de los Oratorios, y en otro me obligaron a salir sin dejarme pronunciar ni una palabra (...)

Hay entre nosotros alguien que tiene la osadía de remendar la enseñanza de nuestro Señor, como si fuera una túnica raída a la cual hay que aplicarle piezas de repuesto, para tapar roturas por donde filtra el viento (...)

El mundo es grande, Juan, y hay mucho lugar para adulterar la verdadera doctrina del Señor, y créeme que lo hacen con tan diabólica habilidad, que aquellos que no lo escucharon a Él, quitan y ponen lo que les viene a gusto y sabor. Y yo medito y saco esta conclusión:

Es mucho más fácil entregarse a prácticas exteriores de fingida devoción, que arrancarse del alma las pasiones que les dominan.

Me arrojan al rostro como un grave delito contra la Ley, el hecho de haberme sentado a la mesa de un hombre no bautizado ni circuncidado, que me brindó comida y descanso cuando volvía yo extenuado de una larga andanza a pie.

Y hasta me arrojaron piedras cuando salía de su casa, hiriéndome en las rodillas que aún tengo vendadas y quedaron flojas para caminar...

Éfeso[editar]

Efeso.png

(CL, LA PIEDRA DE CRISTO)

En el barrio Norte de la ciudad, había también otras agrupaciones Cristianas que no fueron fundadas por el Apóstol Juan, sino por Saulo de Tarso (...) El egoísmo humano encuentra siempre el modo de aparecer en condiciones superiores a los demás, y fue así como los de las Agrupaciones de Saulo se veían muy por encima de sus hermanos de las Agrupaciones fundadas por Juan.

—Nuestro Maestro fundador es un doctor de la Ley que ha visitado las mejores Casas de Estudio de Palestina, Italia y Grecia –decían los más ignorantes y vanidosos, al hacer la propaganda de su Congregación.

—El fundador de las Escuelas del barrio Sur –añadían– es un hombre bueno, pero es de humilde origen, fue pescador en su país y no asistió a ninguna Academia.

En este estado de leve antagonismo se encontraban las Congregaciones Cristianas de Éfeso (...) cuando comenzaron las grandes curaciones realizadas por Pedro, los conceptos sufrieron un cambio notable.

Y el leve antagonismo se tornó aversión y lucha declarada. (...)

¿Cómo podían soportar los saulistas que los juanistas poseyeran algo superior a ellos que siempre estuvieron en lo más alto? (...) si de las humildes Escuelas del pescador, como decían, salían libres de lepra, de cáncer, de parálisis, de tuberculosis, etc, ¿qué les importaba que el fundador fuera pescador o doctor, ni aún que fuera un rey? (...)

Difícilmente pueden ser curados de raíz estos antagonismos entre idealistas de sentimientos mezquinos y pobres, porque el “Amor que salva todos los abismos” no puede vivir entre los cultores de “lo tuyo y lo mío”.