Pasajes emotivos

De Obra FCU
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Época de Antulio[editar]

¡Felices de aquellos que beban el agua clara, tal como brotara de tu alma de iluminado! ¡Felices de aquellos que la derramen en otros corazones, en igual estado de pureza que ellos la bebieron! (...)

Bendice a Dios, Antulio, hermano mío de siglos, que esta madre por la que te hablo y estos discípulos que hoy te rodean serán los guardianes de la Verdad Eterna que por mandato Divino entregas a la Humanidad de la hora presente. Y de ellos a otros se irá transmitiendo, de oído a oído, de alma a alma, y será eternamente una chispa viva guardada en la urna eterna e inmortal de las pocas almas de firmeza y de lealtad para ti, que preferirán morir en muchas vidas, mártires de su alianza contigo, para mantener encendida tu luz a través de todos los siglos que han de venir (...)

Sabio serás con la Sabiduría de Dios, si la empleas a fortificar la Eterna Verdad en los que te han de seguir, y guardarla en forma que cuando de nuevo tornes a otra vida física encuentres aún tu lámpara encendida (...)

Época de Abel[editar]

  • Que se hunda el mundo, pero que no se destruya el Amor y la Paz entre vosotros. (OC, LA HUMANIDAD CAÍDA)

Época de Krishna[editar]

  • Los kobdas-flamas dejaron por un momento en los siglos, sus túnicas cenicientas para vestirse de cuero de búfalo y de cobre, con el carcaj, el arco y las flechas a la espalda, para organizar las filas libertadoras en torno de Krishna el Príncipe de la Justicia. (AE, EL SACRIFICIO DE KRISHNA)

Época de Moisés[editar]

  • [Dice Jetro a Moisés] ¡Oh, bendito Membra, que aprendió a leer el futuro en los rayos del sol de amanecer y en las estrellas lejanas que escriben con hebras de luz los destinos humanos! ¡Lo recuerdo bien! Yo había recibido la tercera Iniciación y él hacía las pruebas de la primera y meditando sobre una confidencia íntima, que él me había hecho, tuve la iluminación de lo que él llegaría a ser en el correr del tiempo. Y le dije: –Por el valor y perseverancia que hay en ti, para las pruebas, el Eterno Amor te reserva un galardón: tendrás en tus brazos el Ave del Paraíso, cuando sea llegada la hora. (MS, EL PRÍNCIPE PASTOR)

Época de Yhasua[editar]

  • Cuando Filón pregunta a Yhasua en un alto consejo de Maestro de Divina Sabiduría: Y para nosotros Yhasua (...) ¿Qué nos das, Yhasua, qué nos das? (...) La Ley de la Evolución nos dice mucho. La Ley de la Preexistencia nos habla también alto. No obstante, las sombras son aún muy densas; y tú, encarnación del Pensamiento Divino, eres el llamado a disolverlas en el mar diáfano de la Verdad sin velos. Hubo un momento de expectativa silenciosa en que todos esperaban la contestación del Gran Maestro. Véase un artículo completo aquí. (AE, EN EL MONTE HOR)
  • [Judá Ben Hur] Sin desmontarse entró a la vasta plaza y dio un grito que resonó en todas las bóvedas de la Torre Antonia y del Templo. — ¡Por Roma y por el César! ¡A las órdenes del Procurador Romano para hacer trizas a esta canalla! ¡A las armas!...
  • En los escaños alrededor de la mesa central sobre la que aparecía extendida una gran carta geográfica con el diseño de los países civilizados de entonces, se sentaron Judá, Marcos, Faqui, Stéfanos, de la escuela de Yohanán el Profeta del Jordán, y Felipe el joven, ambos de origen griego y a quienes Pedro había tomado como escribas particulares de los Doce. (CL, La heredad del padre)

Palabras de Yhasua[editar]

  • –¡Ya es la hora!... Levantaos, amigos míos, que tenéis toda la humanidad terrestre y veinte siglos por delante para difundir hacia los cuatro puntos cardinales, mi enseñanza de amor fraterno fundada en las últimas palabras de la Ley: “Ama a tu prójimo como te amas a ti mismo”.
  • No dejaré al descubierto el engaño de los falsos maestros, que atolondran a las almas con el supuesto furor Divino, que si pudiera existir, sería para enmudecer su palabra de mentira con que arrastran a los pueblos a la división, a la crueldad, al odio contra sus hermanos que no participan de sus funestas elucubraciones filosóficas, fruto de erróneos principios sobre Dios, la Naturaleza y destinos de las almas creadas por Él. (Arpas Eternas, cap. El Maestro en Betania)
  • [Yhasua en el Templo de Jerusalén] -¿Por qué habéis corregido a Moisés, añadiendo ese cúmulo de ordenanzas y de leyes...? -¿Y quién eres tú, para increpar a un doctor de la Ley? -Soy el que te puede decir, calle tu lengua que está mintiendo ante Dios y ante el pueblo... Algunos salieron para arrojar piedras al imprudente joven que había alterado la paz del templo, pero sólo encontraron a dos mendigos paralíticos a los cuales Yhasua cubrió con su manto azul; luchaban por quedarse cada cual con una mitad, sin percibir claramente que sus piernas torcidas y contrahechas estaban curadas...

La despedida[editar]

  • Quitándose el manto (...) llenó un lebrillo, se puso la toalla en el brazo y acercándose a Pedro se arrodilló ante él. —Es mi postrera enseñanza –le contestó el Maestro–. Siéntate Pedro y déjame que lave tus pies, para que sepáis y os acordéis toda vuestra vida de que el mayor ha de ser el servidor de los más débiles y pequeños. “Así lo haréis vosotros en memoria mía”. Pedro obedeció, pero sus ojos claros se inundaron de llanto y sus lágrimas al rodar de su rostro caían silenciosas sobre las manos del Maestro que le lavaba y le secaba los pies. Igualmente lo hizo así con los demás discípulos que en extremo conmovidos empezaban a comprender que algo así como el Juicio de Dios se cernía sobre ellos.
  • Tomó la cesta de los panes sin levadura y lo partió entre todos; tomó su ánfora con vino y acercándola él mismo a todos los labios, les dio a beber. —Es mi último pacto de amor con todos vosotros –les dijo–. Y cada vez que lo hiciereis como yo lo he hecho, acordaos de esta alianza postrera, por la cual quedaré en medio de vosotros hasta la terminación de los tiempos. Y donde estéis reunidos en mi nombre, estaré yo en medio de vosotros.
  • ¡Venid ahora a darme el abrazo de despedida!…

Los evangelios[editar]

Juan[editar]

(CL, EL HUERTO DE JUAN FLORECE)

Y en un atardecer de otoño, cuando las hojas caían como mansa llovizna rumorosa, y los pájaros gorjeaban en los árboles buscando sus nidos, y el ocaso recogía sus postreros cendales de gasas doradas para dar lugar al manto azul de la noche, Juan comenzaba a dialogar con lo infinito y vaciaba al pergamino lo que su alma sentía:

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios y el Verbo era parte de Dios... En Él estaba la vida y esa vida era luz para los hombres... “Y su luz en las tinieblas resplandece, mas las tinieblas no la comprendieron...”

(...)

Y Juan fue desgranando su collar de recuerdos con perlas de cristal engarzadas en oro, con reflejos y broches de sombra como todo lo que surge espontáneo de un alma humana extática, en contemplación de la más pura belleza moral que como una visión divina cruzara ante su vista.

(...)

Y después de referir uno por uno los hechos prodigiosos que realizó la gran potencia espiritual del Cristo, su Maestro, el Apóstol Juan termina su minucioso relato con estas palabras:

“Y hay también otras muchas cosas que hizo Yhasua, que si se escribiesen cada una por sí, ni aún en todo el mundo pienso que cabrían los libros que deberían escribirse”.

Marcos[editar]

(CL, LA GRUTA DE LOS RECUERDOS)

Pedro, María y Marcos, fervientes enamorados del Cristo, bajo aquella gruta de los recuerdos anudaron alianzas que han persistido a través de los siglos y de las mudables contingencias humanas. Allí les leyó Marcos todo cuanto tenía escrito sobre la vida y enseñanza del Cristo, Hijo de Dios. Los pensamientos desandaban el camino hasta diez años atrás y la personalidad del Hombre-Ideal, se levantaba de nuevo como un radiante sol de amanecer. Cuando Marcos leía aquel pasaje:

–“...Y andando a las orillas del Mar de Galilea, vio a Simón y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar, les dijo Yhasua: “Venid en pos de mí y haré que seáis pescadores de hombres”. Y dejadas sus redes, le siguieron…”,

–Pedro se echó a llorar a grandes sollozos porque sintió vivir de nuevo aquel momento y la presencia espiritual de su Maestro se hizo sentir fuertemente.

Cuando llegó la lectura al día del festín en casa de Eleazar, hijo de Simón,

“…y entró una mujer cubierta de velos con un vaso de alabastro lleno de ungüento puro de nardos que derramó sobre la cabeza, manos y pies de Yhasua…”,

sintió María revivir sus recuerdos y despertar de nuevo su dolor adormido en el fondo del alma.

—Calla, Marcos, calla por piedad. ¡No hagas vivir de nuevo lo que no será nunca más..., nunca más!... Y salió corriendo como si fuera a tirarse al mar.

Credo Cristiano[editar]

Eliezer de Esdrelón, como representante de los esenios, en la primera gran asamblea de los amigos íntimos de Yhasua después de su partida enunció lo siguiente:

Creo en Dios Padre Todopoderoso (...)

Creo en la grandeza sobrehumana de tus obras (...)

Creo en el heroísmo de tu amor a la humanidad (...)

Creo en tu salida gloriosa del sepulcro (...)

¡Y que estas protestas de nuestra fe en Ti,
sean como la eterna luz de un faro
en todas las tormentas y borrascas
que azotan nuestra barquilla,
en las centurias largas que hemos de correr
hasta el final de este ciclo!

Referencias[editar]

  1. Moisés, el vidente del Sinaí; cap. "El hierofante Isesi de Sais"