Pasajes emotivos

De Obra FCU
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  • Los kobdas-flamas dejaron por un momento en los siglos, sus túnicas cenicientas para vestirse de cuero de búfalo y de cobre, con el carcaj, el arco y las flechas a la espalda, para organizar las filas libertadoras en torno de Krishna el Príncipe de la Justicia. (AE, EL SACRIFICIO DE KRISHNA)
  • En los escaños alrededor de la mesa central sobre la que aparecía extendida una gran carta geográfica con el diseño de los países civilizados de entonces, se sentaron Judá, Marcos, Faqui, Stéfanos, de la escuela de Yohanán el Profeta del Jordán, y Felipe el joven, ambos de origen griego y a quienes Pedro había tomado como escribas particulares de los Doce. (CL, La heredad del padre)
  • Cuando Filón pregunta a Yhasua en un alto consejo de Maestro de Divina Sabiduría: Y para nosotros Yhasua (...) ¿Qué nos das, Yhasua, qué nos das? (...) La Ley de la Evolución nos dice mucho. La Ley de la Preexistencia nos habla también alto. No obstante, las sombras son aún muy densas; y tú, encarnación del Pensamiento Divino, eres el llamado a disolverlas en el mar diáfano de la Verdad sin velos. Hubo un momento de expectativa silenciosa en que todos esperaban la contestación del Gran Maestro. Véase un artículo completo aquí. (AE, EN EL MONTE HOR)
  • [Dice Jetro a Moisés] ¡Oh, bendito Membra, que aprendió a leer el futuro en los rayos del sol de amanecer y en las estrellas lejanas que escriben con hebras de luz los destinos humanos! ¡Lo recuerdo bien! Yo había recibido la tercera Iniciación y él hacía las pruebas de la primera y meditando sobre una confidencia íntima, que él me había hecho, tuve la iluminación de lo que él llegaría a ser en el correr del tiempo. Y le dije: –Por el valor y perseverancia que hay en ti, para las pruebas, el Eterno Amor te reserva un galardón: tendrás en tus brazos el Ave del Paraíso, cuando sea llegada la hora. (MS, EL PRÍNCIPE PASTOR)

Los evangelios[editar]

Juan[editar]

(CL, EL HUERTO DE JUAN FLORECE)

Y en un atardecer de otoño, cuando las hojas caían como mansa llovizna rumorosa, y los pájaros gorjeaban en los árboles buscando sus nidos, y el ocaso recogía sus postreros cendales de gasas doradas para dar lugar al manto azul de la noche, Juan comenzaba a dialogar con lo infinito y vaciaba al pergamino lo que su alma sentía:

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios y el Verbo era parte de Dios... En Él estaba la vida y esa vida era luz para los hombres... “Y su luz en las tinieblas resplandece, mas las tinieblas no la comprendieron...”

(...)

Y Juan fue desgranando su collar de recuerdos con perlas de cristal engarzadas en oro, con reflejos y broches de sombra como todo lo que surge espontáneo de un alma humana extática, en contemplación de la más pura belleza moral que como una visión divina cruzara ante su vista.

(...)

Y después de referir uno por uno los hechos prodigiosos que realizó la gran potencia espiritual del Cristo, su Maestro, el Apóstol Juan termina su minucioso relato con estas palabras:

“Y hay también otras muchas cosas que hizo Yhasua, que si se escribiesen cada una por sí, ni aún en todo el mundo pienso que cabrían los libros que deberían escribirse”.

Marcos[editar]

(CL, LA GRUTA DE LOS RECUERDOS)

Pedro, María y Marcos, fervientes enamorados del Cristo, bajo aquella gruta de los recuerdos anudaron alianzas que han persistido a través de los siglos y de las mudables contingencias humanas. Allí les leyó Marcos todo cuanto tenía escrito sobre la vida y enseñanza del Cristo, Hijo de Dios. Los pensamientos desandaban el camino hasta diez años atrás y la personalidad del Hombre-Ideal, se levantaba de nuevo como un radiante sol de amanecer. Cuando Marcos leía aquel pasaje:

–“...Y andando a las orillas del Mar de Galilea, vio a Simón y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar, les dijo Yhasua: “Venid en pos de mí y haré que seáis pescadores de hombres”. Y dejadas sus redes, le siguieron…”,

–Pedro se echó a llorar a grandes sollozos porque sintió vivir de nuevo aquel momento y la presencia espiritual de su Maestro se hizo sentir fuertemente.

Cuando llegó la lectura al día del festín en casa de Eleazar, hijo de Simón,

“…y entró una mujer cubierta de velos con un vaso de alabastro lleno de ungüento puro de nardos que derramó sobre la cabeza, manos y pies de Yhasua…”,

sintió María revivir sus recuerdos y despertar de nuevo su dolor adormido en el fondo del alma.

—Calla, Marcos, calla por piedad. ¡No hagas vivir de nuevo lo que no será nunca más..., nunca más!... Y salió corriendo como si fuera a tirarse al mar.