Orígenes del pueblo de Abraham

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(MS, EL PUEBLO DE ABRAHAM)

Y Moisés leyó: “Orígenes del pueblo de Abraham”.

“Cuando los mares del planeta Tierra en pavorosa coalición desbordaron sus aguas inundándolo todo, encalló en las montañas de Ararat en el país de Manh, que hoy es Armenia, un palacio flotante que era una embarcación como nunca fue vista por nuestros antepasados. Venía de occidente escoltada por una gran flota marítima que fueron diezmando las olas bravías de los cinco mares unidos para dar muerte a toda la humanidad.

“El desconocido soberano y cuantos le acompañaban debieron venir huyendo de la invasión de las aguas porque aquellos países de ensueño y de riquezas incalculables fueron anegados y sepultados para siempre en el fondo del mar. Lo llamaban Padre Noé y murió al poco tiempo de encallar su buque palacio. Sus herederos eran tres:

  • Sem Heber,
  • Kan Efor y
  • Jafet Uran.

Entre ellos se repartieron todas las riquezas de aquel desventurado soberano.

Sem, el mayor, se apartó hacia el sur a las praderas regadas por el Éufrates y el Ildekel porque gustaba de los campos sembrados y poblados de ganados, majadas de ovejas, camellos y bueyes. Tomó esposa en la familia de un Rey de los Samoyedos, que vencido por los invasores Sardos que se adueñaron del Ática Prehistórica, desbastando por el incendio y el pillaje su gran capital Hisarlik, se encontraba refugiada entre las ruinas de Calach, capital que fuera de la desaparecida Sumeria.

“Eligió Sem a la hija menor del Rey Samoyedo porque la encontró descalza vadeando un arroyuelo. Volvía de llevar socorros a una pobre mujer que sola con dos criaturas, en una choza, no podía ganar el sustento. Y la hermosa y gentil princesa Eufemia, le dejó el bolso de provisiones y hasta las calzas de fina piel de antílope con que cubría sus pies.

“Sem, que con dos criados buscaba su majada extraviada, se prendó de ella y el Rey su padre se la dio como esposa tres lunas después.

“De esta esposa tuvo Sem su hijo primogénito a quien llamó Arfasak, como su abuelo el Rey Samoyedo, que quiso hacer de este primer nieto varón el sucesor suyo, heredero de su nombre y de sus títulos nobiliarios.

Árbol Genealógico de Abraham[editar]

“Esta es la raíz y tronco del Árbol Genealógico de Abraham.

“De Arfasak nació Shale; de Shale nació Héberi; de Héberi vino Faleg; de éste nació Reng; de Reng nació Sarug y de Sarug pasó la descendencia al sexo femenino porque una reina fatal diezmó la juventud masculina, y la línea directa se conservó por las hijas mujeres descendientes del Rey Samoyedo Arfasak. Fueron veinte generaciones hasta llegar a Nácar y Thare, abuelo y padre de Abraham nacido en Calach, ruinosa capital de la antigua Sumeria y que, ya mayor en edad y casado con Sara, su prima, fueron a levantar las tiendas en Urcaldia cerca al Delta del río Éufrates, llevando criados y rebaños que los padres de ambos les dieron en dote el día de sus bodas.

“La invasión de las aguas salobres de los mares desbordados y putrefactos con la enorme cantidad de cadáveres de hombres y animales, arruinó ciudades y campos en toda la vasta región Sumeriana, convertida por tal causa en inmenso cementerio, campo de muerte cubierto de esqueletos y podredumbre.

“Debido a estas gravísimas causas cuyas consecuencias permanecieron larguísimo tiempo, epidemias y plagas habían afectado a todos los reinos de la Naturaleza humana, animal y vegetal.

  • Los valles se habían convertido en mares;
  • los mares en desiertos;
  • las ciudades en ruinas cubiertas de arena, de cadáveres, resacas y escombros.

“Las emigraciones de los Samoyedos, los Agafirsos y Roxolanos del norte poblaron las regiones menos desvastadas por las aguas putrefactas y venenosas.

“La vida se tornó en extremo difícil en aquellos siglos y hasta las familias reales soportaron miseria y desolación. Los reyes se hicieron pastores, labriegos, leñadores, picapedreros y mineros. Ciudades, hombres, familias y tribus ambulantes formaron aldeas de tiendas que cambiaron de sitio de tiempo en tiempo a la busca de facilidades para la vida. “Todo esto causó la mezcla de dinastías, de razas, la confusión de lenguajes, de religiones, costumbres y leyes. Llegados los años de Abraham a cuatro decenas y media viéndose rodeado de tal decadencia moral, social y aún material, emprendió larga emigración hacia occidente buscando campos despoblados donde plantaría sus tiendas y, a la vez, el noble y honrado modo de vivir aprendido de sus mayores. “Los Samoyedos descendían en línea directa de Samoy, uno de los solitarios llamados Profetas Blancos. Enviado por su Escuela Santuario en busca de Escrituras dejadas por unos fugitivos en una gruta del Istmo Cortahielos que unía Tierrelada con Poseidonia, no pudo regresar a su país natal porque el desbordamiento de las aguas partió el Istmo, y Tierrelada quedó separada del Continente Atlante por un ancho brazo del Mar del Norte. Con seis niños abandonados había formado una pequeña familia pues eran cuatro varones y dos mujeres de diez a catorce años de edad. “Los años, después los siglos, habían formado una raza, un pueblo, que conservaban grandes rasgos de la educación moral y espiritual que el gran solitario había dado a sus primeros discípulos. A las dos mujeres las había unido en matrimonio con los mayores de los cuatro adolescentes, que encontró guarecidos en las grutas de las pocas serranías que no fueron sumergidas por las aguas. “El mismo Samoy había encarnado entre ellos nueve veces y pudo ver con satisfacción su pueblo, la raza formada por él. “Eufemia, la esposa de Sem, que fue con él raíz y tronco de la raza de Abraham según queda dicho, no aceptaba las esposas múltiples, y por largo tiempo se conservó tal modo de vivir en las primeras familias, descendientes de ellos, que se fueron formando. “El tiempo, las pasiones y debilidades humanas, todo lo transforman y degeneran. Y si algo bueno y justo se conserva por más largo tiempo, es debido a que los mismos creadores de una raza o pueblo, encarnan repetidas veces entre ellos, a los fines de que esas razas o pueblos perseveren en los principios fundamentales sobre los cuales fueron constituidos. “Abraham era un retoño del inmenso árbol genealógico formado por el atlante otlanés Sem, con la hija de un Rey Samoyedo, y era también el mismo Samoy reencarnado por novena vez para continuar la senda que le fue abierta allá muy lejos y hacía ya varios siglos, cuando fugitivo y solo en una gruta de Tierrelada sacudida por los mares desbordados consolaba a seis niños hambrientos y doloridos por el abandono en que habían quedado. “En la divina lucidez de sus meditaciones, que eran siempre extáticos desdoblamientos en que le aparecía el pasado con todos sus abismos y todos sus esplendores, Abraham veía que aquella Eufemia, princesa samoyeda, era la misma Sara que tenía a su lado como una estrella caída de los cielos de Dios sobre su tienda. “Mas, no tenía un hijo de aquella gran mujer que era su esposa. En su oración pedía que le fuera concedido tal don para que surgiera una raza de ángeles sobre la tierra. “Y la Eterna Ley le concedió a Isaac y este hijo fue como la piedra fundamento de la numerosa descendencia de Abraham siervo de Dios. De mil maneras fue probada su fe, su abnegación, su paciencia, su inquebrantable honradez. Mas ninguna circunstancia adversa tuvo la fuerza de apartarle del camino que eligió en su primera juventud.

“El Arcángel de las Anunciaciones le designó el hogar donde debía buscar la esposa para su hijo cuando éste llegó a la edad competente. Y Rebeca apareció en el escenario como por una maravillosa casualidad. Dos vigorosos retoños aparecieron en la primera rama del Árbol genealógico de Abraham: Esaú y Jacob. Este último fue padre de doce hijos que fueron los jefes de las Doce Tribus que formaron a través de largos siglos el numeroso pueblo llamado de Israel, cuando su verdadero nombre debiera ser: Pueblo de Abraham. El siervo de Dios trajo en verdad muchos ángeles a la tierra, pero la humanidad no persevera largo tiempo en la equidad y la justicia. Pareciera que se cansa y hastía de la vida de santidad. En la segunda generación ya hubo rasgos y hechos sobrecargados de falsía, de envidia, de malevolencia y engaño. “En la tercera y cuarta generación hubo algunos delitos graves y muchas desviaciones de menor gravedad, no obstante de vivir entre ellos, reencarnado, el gran hombre justo y ecuánime que dio origen a su raza. “Como profeta, como augur, como hombre de consejo, levantó siempre su voz en contra de toda contravención a la breve ley en que el pueblo se formó desde sus horas primeras. “La Eterna Ley se encargó siempre de afirmar con algunas de sus estupendas manifestaciones físicas, las advertencias o correcciones que el fundador de la raza, reencarnado en medio de ella, daba a su pueblo que nacido en tan noble y purísima cuna, con altos designios divinos, así olvidaba su pasado para enlodarse en un presente de tan contrarias ideas y costumbres de aquellos de su lejano origen. “Sólo una luz fue permanente en el pueblo de Abraham: la Unidad Divina que absorbió siempre, por completo, la fe, la esperanza y la voluntad de ese pueblo bien amado de Dios, a quien Abraham había suplicado tanto el don de poblar con ángeles la tierra que le dio vida. “El Eterno Invisible, el Dios de Abraham, sea sobre quien esto escriba para quienes acierten a tener este escrito en sus manos. Nacor de Betel. Biznieto del Patriarca Abraham”. *–Este ser que en estado espiritual dictó la Escritura, había sido hijo de un hijo de José, el que fue Virrey de Egipto en los años de Jacob, un descendiente directo del Patriarca Abraham. El dictado fue recibido por un sensitivo o profeta como entonces se decía, de la quinta generación de Abraham, época en que parte del pueblo comenzaba a apartarse del camino de su fundador y a tomar muchas de las costumbres y prácticas del Egipto de esa época.

Véase también[editar]