Melchor de Horeb

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Personalidad[editar]

[La opinión de Yhasua] Melchor, el menor y más vehemente de los tres Sabios de Oriente, brega y lucha aún por alcanzar la cumbre a donde por su dedicación y largos años llegaron y le esperan sus dos viejos compañeros de ideal. Él es antorcha ardiente que corre afanoso aún por seguir prendiendo el fuego santo en las almas, mientras sus dos compañeros son lámparas en reposo, que sólo arrojan luz desde la cumbre del monte santo. (AE, EL LLANTO DE UN ESCLAVO)

[Confiesa Shipro a Yhasua] Él es bueno y jamás nos maltrata; nos da puntualmente los salarios convenidos y sólo pide de nosotros obediencia y discreción, por lo cual debemos ser mudos para los que no son sus amigos. Tiene pocos amigos verdaderos, y muchos malvados y envidiosos que hubieran gozado en reducirlo a miseria y aún matarlo. (AE, EL LLANTO DE UN ESCLAVO)

Época de Yhasua[editar]

Era descendiente directo de Zurima, de la raza de Beni-Abad.

El príncipe Melchor sacó un anillo de su dedo meñique que era un sencillo aro de oro con diez diamantitos incrustados en él. Lo puso en el anular de Yhasua diciéndole: este anillo tiene todo su valor en que perteneció a mi madre, descendiente directa y última de la princesa Zurima de Arabia, que murió entre los Kobdas del Éufrates ahogada por salvar la vida de Abel, el Cristo-hombre encarnado en aquella época. —¡Zurima de Arab!... –exclamó Yhasua con una extraña conmoción interna que lo hizo palidecer. —Sí –contestó Melchor–. Hay una vieja tradición en la familia, que todos los descendientes del fundador de la raza, Beni-Abad, debían llevar este anillo y dejarlo como herencia al mayor de los hijos. (AE, EL LLANTO DE UN ESCLAVO)

Juventud[editar]

Era Melchor, el príncipe moreno, que habiendo tenido en su primera juventud un amor pasional profundo como un abismo y fuerte como un huracán, le había llevado a la inconsciencia del delito; le había arrancado a un joven pastor la tierna zagala que debía ser su compañera, con lo cual causó la desesperación y la muerte de ambos. [1]

Montes de Parán[editar]

(AE1, DESDE EL LEJANO ORIENTE)

[Melchor] desenrolló un antiquísimo y amarillento papiro y leyó:

[en los montes Horeb y Sinaí] habían quedado ocultos como águilas en los huecos de las peñas: los Kobdas, perseguidos por los conquistadores del alto y bajo Egipto.

Moisés que en su juventud tuvo que huir, acusado falsamente de un asesinato, estuvo en el país de Madián, al cual pertenecen dichas montañas, y la Divina Ley le puso en contacto con los solitarios del Sinaí y del Horeb (...)

De la enseñanza oculta de estos solitarios, hemos nutrido nuestra vida espiritual durante siglos y siglos. Quien encuentre este papiro y los demás que le acompañan, sepa que está obligado por la Ley Divina a abrir una Escuela para difundir la sagrada enseñanza que da paz y dicha a los hombres.

Firmado: Diza-Abad – Marván – Elimo-Abad.

Este, es el origen de nuestra actual Escuela en los Montes de Parán, –dijo Melchor–. Y la obligación de abrirla me tocó en suerte, porque

en un cruel momento de desesperación busqué un precipicio para arrojarme desde lo más alto de los cerros, y sintiendo un quejido lastimero en el fondo de una gruta, me interné en ella pensando si era posible que hubiera un ser más desventurado que yo.

Encontré un pobre anciano atacado de fiebre y ya imposibilitado de levantarse a buscar agua para beber. Sus gemidos eran de la sed que lo abrasaba. Por socorrerlo me olvidé un tanto de mis crueles dolores.

Vivió aún tres días por los cuidados que le dispensé. Era el último sobreviviente de los solitarios aquellos. Me dijo que por mandato de genios tutelares tomó el nombre de Marván, y me señaló el sitio donde fueron sepultados todos los solitarios que, antes que él, fueron muriendo, y el hueco de su caverna donde se hallaban estos documentos en un cofre de encina.

Edad adulta[editar]

Viaje al Valle de las Pirámides, Egipto, junto a Yhasua, Filón y otros personajes.

Vejez[editar]

Otras épocas[editar]

Época de Antulio[editar]

Época de Abel[editar]

Fue Gaudes, un Dakthylo que preparó la caverna donde las madres de Adamú y Evana debieran cuidar a los niños.

Dice el Atlas del Monte de las Abejas a Abel refiriéndose a Gaudes: [2]

(...) fue elegido por todos para salir al encuentro del Maestro que se acercaba.

Después de Cristo[editar]

Melchor y el Corán[editar]

Y las escuelas fundadas por Melchor, fueron por largo tiempo un compuesto de Ley Mosaica y Ley de los Kobdas, y fue por tanto el fuerte cimiento sobre el cual levanta siglos después el Korán sus Mezquitas, a base de una religión sin imágenes, pero que se tornó intransigente hasta el fanatismo, y por tanto dura hasta la crueldad. (AE, UNA LUZ EN LAS TINIEBLAS...)

Melchor, preparó la Arabia y países vecinos, para el advenimiento del Korán, que es en el fondo un vivo reflejo de la Sabiduría de Moisés, y una continuación de la doctrina de la purificación por el agua, la oración y la penitencia, implantada por Yohanán el Bautista en las orillas del Jordán. (AE, UNA LUZ EN LAS TINIEBLAS...)

Fundador de la Fraternidad Cristiana[editar]

Según el mensaje recibido en Llave de Oro, bajo el nombre de "Maestro Veritas" intentó fundar dos veces en España la Fraternidad Cristiana Universal, pero no se pudo debido a las fuerzas del mal.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Arpas Eternas, cap. "Preludio"
  2. Orígenes de la Civilización Adámica, cap. "Como tórtolos entre peñas"