Los interrogantes de Moisés

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(MS, LOS INTERROGANTES DE OSARSIP)

Interrogantes de Moisés[editar]

Fragmento del libro Moisés, el Vidente del Sinaí, sobre los interrogantes de Moisés a sus 12 años.

1. – ¿Qué soy yo, por qué estoy aquí, de dónde he venido y a dónde voy?

2. – ¿Por qué los antílopes, garzas, cisnes y gaviotas que tanto alegran mi vida, no pueden hablar, ni escribir, ni leer, ni ejecutar piezas de música, ni pintar, ni hacer en fin, nada de lo que yo hago o puedo hacer, si todos ellos viven como yo? Tampoco ríen ni lloran, ¿por qué?

3. – ¿Por qué tengo yo esta tremenda inquietud y afiebrado deseo de saber, de penetrar todo lo desconocido y misterioso de este mundo que me rodea?

4. – Estoy colmado y rebosante de todo cuanto necesito: vestiduras, ropas y habitaciones de príncipe, que no las tiene mejor el Faraón-Rey; con una madre adoptiva que lo es más aún que la mejor de las madres por la carne y la sangre. ¿Qué me falta para sentirme feliz en todo el significado de tal palabra?

5. – ¿Qué son las nubes y qué hacen y hacia dónde van cuando corren y vuelan como enormes águilas blancas que tuvieran prisa desesperada de llegar a un punto fijo?

6. – ¿Qué es el infinito velo azulado que cubre toda la tierra que alcanzan mis ojos a ver, y que llegada la noche se puebla de focos luminosos que ningún hombre ha podido encender? ¿Es una diosa la luna?

7. – ¿Por qué el sol se enciende al amanecer tras de los negros cerros del Revenzora, resplandece en el anchuroso azul todo el día y a la tarde se esconde tras de las montañas de Libia? ¿Es un dios de fuego como dicen las gentes?

“Hay muchas otras cosas que quiero saber, pero que aún no puedo organizarlas en mi mente en forma de hacer con claridad las preguntas. Más adelante lo haré, si la Madre Isis me ayuda a mirarme yo mismo muy dentro”.

Respuestas[editar]

1. Sobre la existencia[editar]

Esta respuesta está incluída en el artículo específico: La razón de la existencia.

2. Diferencia con los animales[editar]

A la segunda pregunta, referente a que los animales no pronuncian palabras, ni ejecutan música, ni pintan lienzos, ni tampoco ríen o lloran, el maestro explicó que los seres comprendidos en el Reino Animal no tienen en su organismo físico las condiciones necesarias para hablar el lenguaje humano, pero que no carecen de formas diversas de expresión y de sentimiento, según el grado de evolución de cada especie. Y aunque no viertan lágrimas ni en su faz aparezca la risa, demuestran con bastante claridad su dolor o su alegría, y dándoles como ejemplos vivos y claros las observaciones fácilmente hechas en animales domésticos, el maestro Carmi dejó satisfecho al alumno que hizo la pregunta.

3,4. Ansias de conocimiento[editar]

La tercera y cuarta quedaron contestadas con ésta explicación:

–La inquietud y constante deseo de saber y penetrar en todo lo desconocido y misterioso que nos rodea, revela claramente que ese espíritu ha conocido en existencias anteriores todas o muchas de las Eternas Leyes y Verdades que rigen el Universo y las inteligencias que lo pueblan. Este despertar del alma se manifiesta prematuramente en las más evolucionadas. Y las hay que padecen tristezas de muerte si no encuentran el modo o posibilidad de saber y descubrir lo que presienten en su íntimo yo.

“Y aunque todo lo posean y todo lo tengan en comodidad y bienes materiales, se sienten desdichados hasta ver satisfecho ese intenso e íntimo deseo”.

Y el maestro añadió: –Tal es la explicación que puedo dar a la tercera y cuarta pregunta de este interrogatorio. Los tres alumnos miraban la lista numerada que aparecía en la gran lámina de madera en que el maestro había escrito las preguntas de Osarsip.

5,6,7. Nubes, cielo y sol[editar]

Y cuando el Instructor señalaba la pregunta número 5 referente a lo que son las nubes y hacia donde van, ocurrió lo inesperado. Osarsip se puso de pie y muy respetuosamente dijo en plena clase: –Maestro Carmi..., parece que ahora comprendo y sé lo que no comprendía ni sabía cuando escribí todas esas preguntas. Paréceme que la instrucción ya escuchada llenó de claridad mi mente y ahora sé lo que son las nubes, de dónde vienen y a dónde van. Creo que son vapores de las aguas del mar, de los ríos y de todas las aguas que habrá sobre la tierra. Vuelan por los espacios, se evaporan en el aire o se desatan en lluvias sobre las ciudades y los campos.

“Y creo saber que el velo azulado que cubre la tierra no es velo ni manto sino aire, luz, éter, gas, y los focos luminosos que lo pueblan, son esferas, globos, tierras como ésta en que vivimos y que ese Eterno Fuego o Luz generador de chispas que son almas, hizo también esas esferas luminosas que brillan en la noche.

“Y la luna es también una tierra como ésta, que vive más vecina a nosotros y la vemos más grande.

“El Gobernador del Castillo dice que ni la luna ni el sol son dioses. Ese Amón-Ra es una ficción...”

El Maestro Carmi puso el índice sobre sus labios y Osarsip cortó la palabra comenzada. –Basta, niño mío, por hoy. Vas comprendiendo y descubriendo todo el misterio que nos rodea. “Pero calla..., calla siempre.

Otros interrogantes[editar]

(MS, ¡FÍAT LUX!...)

“¿Quién soy yo?” “¿Por qué el secreto y misterio de mi nacimiento?”

Fueron los dos interrogantes que acudieron desde aquel día [tres años atrás cuando Moisés de 12 años comprendió que sus padres eran Amram y Thimetis] a la mente de Osarsip [ahora con 15 años] en todas las horas en que se entregaba a la meditación.

Si meditaba en su habitación particular, se diseñaba de inmediato en su mente con trazos cortantes el mismo pensamiento:

“¿Quién soy yo?”

Lo rechazaba y él volvía. Lo borraba con su potente voluntad y él aparecía de nuevo en su horizonte mental. Se retiraba a las penumbras del Aula solitaria al anochecer, buscando anular aquel audaz y tenaz pensamiento, y allí, entre las sombras, la soledad y el silencio absolutos, el atrevido interrogante le seguía persiguiendo.

Hasta que una noche calurosa del verano egipcio, se quedó sentado en un banco bajo unas palmeras centenarias cuya sombra ocultaba su persona. Las horas avanzaban trayendo cada vez más calma, más soledad, más silencio. Las inquietas gacelas habían sosegado sus graciosas correrías y dormían tranquilas en el verde oscuro de la frondosa gramínea de las orillas del lago. El nutrido gorjear de los pájaros y el arrullo de las tórtolas había enmudecido también. La majestad imponente del anchuroso azul tachonado de estrellas era también silencio y calma absoluta. Y el jovencito se quedó dormido (...) al despertar del sueño bajo las palmeras y a orillas del lago, seguía viendo en su horizonte mental el mismo interrogante.

“¿Quién soy yo?”

Con los puños cerrados se golpeaba el pecho..., levantaba luego ojos y manos al estrellado azul y caía por fin de rodillas y su frente se hundía en la arena.

– ¡Dios, Invisible y Único! –se le oía murmurar–. ¡Tú solo sabes quién soy yo y a qué he venido..., y no me lo quieres decir!... ¡Todo ser viviente es hijo tuyo y hasta las gacelas y las gaviotas saben lo que son y a qué vinieron!..., ¡tan solo yo no puedo saber!

Como si este acto de suprema humillación y entrega, hubiera removido las ocultas fuerzas invisibles que impulsan almas y mueven mundos, una claridad radiante iluminó de pronto a Osarsip y un hermoso Anciano de venerable majestad se diseñó ante él y una voz profunda sin sonido se hizo sentir:

–“Tú eres mi Hijo y te he traído a la Tierra para un designio de la Eterna Ley. Espera y confía”.

(...) [Luego pensaba Moisés] el Anciano que me ha visitado es el gran Padre Sirio de los papiros secretos, que el maestro Amonthep puso en mis manos. Por eso me llama su hijo y tiene el derecho de traerme a la Tierra para un designio de la Eterna Ley. “¿Qué designio es ése? Me dijo: “espera y confía”. “Yo esperaré uno, dos, diez años, todo el tiempo que sea necesario, porque ya sé quién soy, y por qué estoy en esta Tierra, donde los hombres lo ignoran todo porque no les interesa saber; donde se odian porque no han llegado a conocer las glorias del amor, donde viven para comer, dormir, reír o llorar y luego envejecer y morir sin saber por qué viven, ni por qué deben morir y menos aún qué es el morir.

Véase también[editar]