Las monedas de oro

De Obra FCU
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Monedasjuan.PNG

Sobre la importancia de avanzar en el camino espiritual.

La visión de Juan[editar]

Una noche, en el cenáculo de Nazareth tuvo la siguiente visión [1]:

Vio rodar el mundo, la Tierra, en un inconmensurable abismo azul. De pie sobre ella un magnífico señor que entregaba bolsillos con monedas de oro a determinados seres que se acercaban junto a Él. Les decía estas solas palabras: “Trabaja y persevera, que a su debido tiempo yo vendré a recoger los frutos de este don”. Desaparecía la visión como si una mano de mago la borrara del lienzo y aparecía una segunda visión.

El mismo magnífico señor de pie sobre el mundo Tierra, y los mismos seres que recibieron los bolsillos de oro. Cada uno se presentaba acompañado de un grupo de seres. El uno con diez, otro con veinte, otros con cincuenta o sesenta. Sólo dos o tres llegaron los últimos y extendiendo al señor los bolsillos de oro recibido, le dijeron:

—Señor, el mundo no quiere trabajar para ti, ni hemos encontrado la oportunidad de hacer producir el oro que nos diste. Aquí lo tienes, igual que lo recibimos de tus manos.

Los bolsillos se vaciaron a los pies del señor, y Juan vio que no eran monedas de oro, sino abrojos y piedras con agudas espinas y cortantes aristas que sólo servían para herir, lastimar y aún matar. Y el señor les decía con serena calma llena de majestad: "Apartaos de mi presencia obreros negligentes, porque no podéis entrar en mi Reino en mucho tiempo que ha de pasar". [1]

A lo cual el Apóstol Juan, comprendiendo el oculto significado de estas visiones exclamó "¡Señor!... de hoy en adelante prometo en tu presencia trabajar por ti y para ti tanto como mis fuerzas lo permitan".

Nota: En la Biblia, el Evangelio de Mateo capítulos 24 y 25 Jesús menciona esta parábola después de haber vaticinado su segunda venida al final de los tiempos.

El presagio de Ben-Hur[editar]

(CL, BARTOLOMÉ DE CORAZÍN)

A poco de morir el gran Legislador; un descendiente de Ben-Hur, el fiel compañero de Moisés que se dejó matar pisoteado por el pueblo cuando se lanzó enloquecido a adorar al becerro de oro, había recibido una terrible reprensión de su glorioso antepasado que desde el plano espiritual le hablaba en el sueño y le decía:

“Porque eres cobarde para enseñar al pueblo la verdad que conoces, sufrirás la pena de tu cobardía”.
“Y al poco tiempo, al hacer un viaje por las regiones vecinas al Mar Rojo, se perdió en un laberinto de montañas donde se vio obligado a vivir de frutos silvestres en una espantosa soledad durante dos largos años”.

Ante lo cual el Apóstol Tomás era de nuevo acicateado por las palabras de su Maestro:

“Tú haces como aquel que enterró el talento que le diera su padre, por el temor de perderlo”.
“¿Y qué harás, Bartolomé..., qué harás si no haces lo que yo quiero?”.

El sueño de Pedro[editar]

Pedro relata este sueño a Yhasua niño: [2]

Yo me veía a la entrada de un gran campo de sembradío, pero donde no había nada sembrado. Y de pronto y como si hubiera brotado de los musgos, se me puso delante un niño cuya edad no puedo precisar porque tenía el rostro cubierto con un velo color de oro resplandeciente. Y me dijo:

En la cabaña de tu padre te espera la recompensa de tus buenas obras como hijo, como esposo y como esenio. ¿Ves este campo? Es para ti; tú lo sembrarás y en la cabaña sabrás cuándo te será legado y qué siembra deberás hacer en él.

Pedro también había anotado lo siguiente en su diario íntimo: [2]

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Soñé anoche que yo iba por un camino y tropecé con un arroyuelo que lo cortaba. Yo iba a buscar el medio de no vadear el arroyo, y entonces vi un niño, cuya edad no pude precisar, que desde la orilla en que él y yo estábamos, hacía grandes esfuerzos por lanzar al lecho del arroyo unos troncos con la intención de pasar sobre ellos.

—¿Qué haces chicuelo? –le pregunté–.

—Ya lo ves –me dijo–, prepararme un paso.

—Eres demasiado pequeño para emprender ese trabajo –volví a decirle.

—Mi voluntad que es grande, suplirá mis pocos años. Ahora mismo quiero pasar.

—¿Por qué esa prisa? Volvamos hacia atrás y busquemos si hay un modo de evitar tanto esfuerzo.

—Si tanto temes al esfuerzo, quédate ahí, pasaré yo solo.

Y el niño continuó tirando al lecho del arroyo los pedazos de troncos, uno después del otro, hasta que por fin, saltando alegre como un cabritillo pasó al otro lado.

—Ves –me dijo–. El rey ha llegado ya, y yo voy a su encuentro mientras que tú te quedas allí, quieto como un lagarto atontado.

“En esto me desperté”.

Luego, entre un anciano maestro Esenio y Pedro se dio el siguiente diálogo: [2]

El arroyuelo puede ser un símbolo del grado en que estás como estacionado, por haber transcurrido tanto tiempo sin acudir al Santuario para tu remoción. Las demás anotaciones registran una infinidad de intuiciones en que la interna voz de tu Yo superior, te espolea para que avances; pues para el Iniciado en nuestras Escuelas de Divino Conocimiento, no basta ser bueno, sino que es necesario avanzar en las capacidades a que puede llegar el alma encarnada; y quedarse estacionado es igual que si no se hubiese comenzado.

Y peor aún, toda vez que es como tener abierto el libro sagrado de la Verdad Eterna y no querer leerlo; o como mantener apagada la lámpara que te fue dada para iluminar tu propio camino y el de los que andan alrededor o en pos de ti.

—¿Qué he de hacer, pues? –preguntó dócilmente Simón. —Pues pedir promoción al grado tercero ya que has cumplido con todo cuanto te exige el segundo.

—Haced conmigo como sea vuestra voluntad.

Es tu voluntad, Simón, la que debe decir: quiero esto. Los grados de adelanto espiritual son escalones en los que el alma prueba su anhelo, su fuerza de vencimiento y su capacidad de amor a sus semejantes y su amor a la Verdad y a la Justicia.

Comentario[editar]

Realizado por Wolfgang Kellert en el ciclo de charlas realizadas sobre Arpas Eternas:

[Fragmento final del sueño de Pedro:] "El Rey ya ha llegado y yo voy a su encuentro, mientras que tú te quedas ahí quieto como un lagarto atontado."

[Comentario final realizado por Wolfgang:] El Rey ya ha llegado, el Rey está entre nosotros, el Rey está aquí y todavía nosotros estamos viendo cómo vadear el río, porque seguimos en nuestro "proceso". [Decimos:] "A ver si lo hago", "no esto convencido", "no se qué hacer", "no se por dónde empezar".

Si tienes esta información ahora en tus manos y en tu corazón, es porque haz hecho algo para merecerla, desde otras vidas. Posiblemente físicamente no esté el maestro Jesús con nosotros para decírnolos de frente, que el Rey ya ha llegado y es hora de encaminarnos.

Pero no es necesaria su presencia física para que a través de estas frases, de estas palabras, nos diga constantemente:

>> ¿Por qué temes tanto esforzarte?

>> Tengo prisa para volver al Padre. Tengo prisa por regresar a Él.

Y nosotros estamos adormilados como un lagarto atontado como decía Yhasua. Esperando no se qué... realmente no se qué estamos esperando para continuar con este camino. Para realmente conocer nuestro camino espiritual y para realmente conocer al Maestro Jesús.

Recuerden el primer capítulo de la charla de Arpas [Eternas], ¿cuál era el título por decirlo así? Era: "¿Conoces a Jesús?". Ni a nosotros mismos nos conocemos, no conocemos al vecino, etc. Solo cuando conoces a las personas es cuando haces algo al respecto por ellas.

Si de pronto has tenido la desdicha de estar por ejemplo en un campo de concentración, tú dices: "Oh... yo sí conozco cómo es eso...", y lo vives y lo sientes.

Y si de pronto conocemos a Jesús como es realmente diríamos: "Oh... yo sí lo conozco a Él". Y si realmente lo conocemos no vamos a estar ahí "esperando" a que ocurra algo para movernos. Porque tal vez eso que ocurra, no sea precísamente algo que nosotros estábamos deseando.

Porque no se trata de hacer lo que queremos, sino en querer lo que hacemos.

¿Estás queriendo lo que haces?, ¿haces lo que realmente amas de corazón? Más allá de decir, sí hago bien mi trabajo, me gusta, estoy contento con eso. Me refiero a este sueño que tuvo Pedro. Me refiero al ¿por qué no quieres cruzar el río todavía, qué te está deteniendo?

(...) Si tienes oídos escucha, si tienes ojos ve... si tienes pies: camina. No te detengas. (...)

[¿Qué estamos haciendo diariamente por] ser un estandarte más, una punta de lanza más?, que en toda su humildad diga: "Ya Maestro, ¿qué tengo que hacer?, ¿dónde me pones?, ¿qué hay que hacer?, ¿dónde hay que ir?"

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

  1. 1,0 1,1 Arpas Eternas 5, cap. "El huerto de Juan florece"
  2. 2,0 2,1 2,2 Arpas Eternas, cap. "Simón de Tiberíades"