La transformación externa

De Obra FCU
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Es mucho más fácil entregarse a prácticas exteriores de fingida devoción, que arrancarse del alma las pasiones que les dominan. (Pedro)

El Faraón[editar]

(MS, MOISÉS Y LOS ARCHIVOS)

La voz del Faraón se oyó tras la cortina de la puerta:

–¿Puede entrar un profano a vuestro cónclave santo?

–Pasad, Faraón. –Dijeron los tres a la vez, y los tres lanzaron una exclamación de asombro cuando lo vieron cubierto con la amplia vestidura talar color violeta oscuro, que usaban los sacerdotes sometidos a voluntaria penitencia de expiación, por delitos o faltas de gravedad. Echó el capuchón a la espalda y su arrogante cabeza rapada quedó al descubierto.

–Amenhepat, hermano mío, ¿por qué hiciste esto? Para asociarte a nuestros ideales de fraternidad y redención humanas, no era necesaria la práctica externa de lo que se lleva en lo íntimo del alma –díjole la Princesa Real, pasando su brazo a la espalda del Faraón–.

¿Verdad que no es necesario? –preguntaba ella a sus dos compañeros de cónclave, usando la frase del Faraón.

–¡Déjale hacer! –dijo bondadosamente el Anciano–. Cuando se comienzan estos caminos,

Psiquis padece mucho por el tiempo perdido

y su afán de apresurar la carrera, la obliga a ayudarse con formas externas, que le dan la ilusión de acercarse más al dichoso final. ¿No es así, Moisés? ¿No lo sientes así, Faraón?

–Es así... Es así... –contestaron ambos.

–Y ahora comprendo –añadió el Faraón–, porqué en la alcoba dormitorio que fue de mi abuelo Seti, encontré hace algunos años esta vestidura, por lo cual he supuesto que él la usaba encerrado en su alcoba, para pedir a la Divinidad la indulgencia y el perdón de los errores cometidos, cuando hacía temblar al pueblo y a sus servidores con sus decretos a veces injustos como todo soberano.

–Como todo soberano que no ha llegado a la convicción de que es sólo un representante de la Suprema Potencia ante el pueblo que gobierna –afirmó Moisés.

Nota[editar]

El cabello es un objeto representativo del deseo humano en embellecer el cuerpo y proyectar una imagen en el mundo. Los monásticos budistas, así como los hierofantes egipcios, afeitan su cabeza como una expresión de su aspiración de renunciar a la vanidad personal. Hacerlo sirve de recordatorio a sí mismos y a otros de que han dejado el mundo.