La etapa de contrición

De Obra FCU
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El que quiera venir en pos de mí, ¡niéguese a sí mismo, cargue su cruz y sígame!

La palabra contrición significa arrepentimiento por haber obrado en desacuerdo con la voluntad de Dios y propósito de no volver a actuar mal en adelante.

Casos en la Obra[editar]

Los doce discípulos[editar]

Tomás[editar]

—¡Oh, Maestro, mi Maestro! ¡Es cierto que no me has olvidado! A la oración del día siguiente acudió Tomás, con el alma como un laúd que vibraba en himnos de gloria. Pareciera que en su jardín interior hubieran tejido sus nidales las alondras y los ruiseñores del Líbano. Todo cantaba, todo florecía. ¿Adónde se había escondido el dolor producido por las ásperas y hasta crueles visiones de la tarde anterior? ¿Quién había curado el espanto acusador de su propia conciencia ante hechos vividos que no podía negar ni olvidar?

Una voz íntima, la de su Yo Superior sintió que le decía con su voz sin ruido:

“Te has curado tú mismo reconociendo tus deficiencias morales y espirituales, y aceptando valerosamente las consecuencias que traen consigo todos los actos y pensamientos en discordancia con la Ley Divina. “Ahora que te has despertado comenzará la expiación impuesta por ti mismo. Tendrás que luchar con la desventaja del que perdió los mejores años de su vida, que está retardado en el camino, y que deberá conquistar con esfuerzo y con dolor lo que antes se le brindó generosamente y lo despreció con dureza y hasta con crueldad”. (...)

—¿Es adelanto o retraso este anhelo supremo de amor que absorbe y llene por completo mi vida? –se preguntaba a sí mismo–. “¿Qué había hecho en su vida? ¿A quién había amado, a quién había hecho feliz, de qué ser humano se había condolido en su vida aislada y solitaria, entre compradores y vendedores, absorbido por los cálculos financieros, en seguimiento de su padre, que al bajar al sepulcro le dejó fortuna material y una helada soledad en el alma que en el ocaso de la vida le resultaba como una lenta agonía?” (...)

Catorce años había tardado su pobre alma en ponerse a tono en la fe y en el amor con el alma excelsa del Cristo, su Maestro. —Razón tuvo en decirme que tardé en llegar –se decía Tomás a sí mismo–, ¡pues fui el último que llegó hasta Él! “¡Mis compañeros estarán ya cosechando en sus campos sembrados y yo aún no comencé la siembra!” Y cuando así se entregaba él a reconocer con infinita amargura sus nulidades y deficiencias, allí estaba la voz dulce de Javidia y su palabra suave y discreta, que le decía: —Pensemos más en el presente que en el pasado.

Cuando un viajero encuentra el verdadero camino se echa a andar por él sin detenerse a pensar en los días que tardó en encontrarle”.

Véase también[editar]