Jerarquía espiritual

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La escala de Jacob del pintor inglés William Blake (1757-1827).

El desarrollo evolutivo propuesto en la Obra de Josefa Luque, cuando el Ego Superior ha terminado satisfactoriamente la evolución como ser humano, es el siguiente:

  1. Ángeles Guardianes
  2. Murallas de Diamantes
  3. Esplendores y Victorias
  4. Arpas Eternas
  5. Antorchas Eternas
  6. Fuegos Magnos
  7. Dios

En este artículo se presentan los pasajes de la Obra que hacen mención a dichas jerarquías espirituales.

Motivación de su estudio[editar]

La lectura de estos comentarios nos unificaría más y más con los elevados visitantes que debíamos tener dentro de breves días, o sea, cuando las corrientes atmosféricas, etéreas y espirituales, ofrecieran las oportunidades que facilitaran el grandioso acontecimiento. Para amarse, es necesario conocerse. Del conocimiento nace el amor o el desamor. Y tratándose de seres de una elevada perfección, el conocimiento que de ellos se tuviera, debía necesariamente dar como resultado el amor intenso hacia ellos. (AE, EL NIÑO CLARIVIDENTE)

Tabla resumen[editar]

Cada cielo está a su vez dividido en siete planos.

# Jerarquía Llamados también Comentarios adicionales Personajes en la Obra
1 Ángeles Guardianes Guardianes, Legiones del Reino, Cirios de la Piedad*, Hierofantes, BodhiSattvas, Profetas.
  • Están divididos en 7 legiones, cada una a cargo de un ser superior llamado Guión, el cual a su vez recibe órdenes del Mesías.
  • Cada legión es representada por un color: Oro, Azul, Escarlata, Esmeralda, Violeta, Turquí, Blanco.
Juan, Hilkar
2 Murallas de Diamantes Arcángeles, Torres de Diamantes, Murales.
  • Están divididos en 7 categorías diferentes: Vigías, Potenciales, Heraldos, Columnas, Aquilones, Saetas, Rayos.
  • Los Siete Arcángeles elegidos por el Cristo son: Ariel, Gabriel, Rafael, Daniel, Samuel, Miguel, Ezequiel.
Yohanán, Stéfanos
3 Esplendores y Victorias Esposos Eternos, Esposos Adolescentes, Conductores de la Mágica Ola, Habitantes de la Ola.
  • Habitan el llamado Tercer Cielo.
  • En una bóveda de este cielo se encuentran los Egos.
4 Arpas Eternas Serafines, Arpas Vivas, Querubes, Amadores*, Arcángeles del Séptimo Cielo. Yhasua, Odina
5 Antorchas Eternas
6 Fuegos Magnos
  • Guías Supremos de los Siete Universos de que forma parte nuestra cadena de mundos.

(*) Nota: Los "Cirios de la Piedad", "La Legión de Amadores" y "Los Mesías" son agrupaciones de espíritus consagrados a labores específicas, en distintos niveles, que pueden tener en sus filas a seres de diversa jerarquía espiritual.

Introducción (fuentes)[editar]

El contenido en este artículo está basado en los libros Arpas Eternas y Moisés, el vidente del Sinaí de la escritora Josefa Luque.

Son tres los pasajes en que se mencionan esto temas:

  • Buscando a Yhasua, como introducción por parte de Hilarión
  • Enseñaza Antuliana para Yhasua, como complemento y en base a la instrucción leída a Yhasua de antiguos papiros Antulianos.
  • Apocalipsis de Antulio, que es el manuscrito más extenso sobre las enseñanzas metafísicas de Antulio. Libro Moisés, el vidente del Sinaí, cap. "El hierofante Isesi de Sais".
  • Más algunos pasajes sueltos en toda la Obra.

Buscando a Yhasua[editar]

Para la inteligencia iluminada por una luz superior, que pregunta a todas las ciencias y a todas las cosas: ¿Quién es Dios?, sin que, hasta hoy nadie haya respondido a satisfacción; hay un poema eterno que no se ha escrito todavía, y que no han leído los hombres:

El poema de Dios y de las almas.

Con el favor divino, me atreveré a esbozarlo.

En el libro Arpas Eternas, Hilarión esboza un viaje espiritual a través de los cuatro primeros cielos para encontrar a Yhasua, de esta forma cada jerarquía tendrá un fragmento de esta explicación. Comienza su relato así: (AE, ESCENARIOS DEL INFINITO)

Desde el más ínfimo ser dotado de vida hasta el hombre más perfecto, hay una larguísima escala de ascensión, a la cual la Ciencia Psíquica llama Evolución.

Más arriba del hombre ¿qué hay?

Seres que fueron un día hombres y que siguiendo su evolución han continuado subiendo y subiendo durante ciclos y edades que no podemos medir, hasta llegar en innumerables graduaciones a unificarse con el Gran Todo, con la Suprema Energía, con la Eterna Luz.

Esta gloriosa escala tiene sus jerarquías, que cada una forma legiones más o menos numerosas.

Enseñaza Antuliana para Yhasua[editar]

Son pasajes del libro Arpas Eternas en que esenios leían manuscritos de Antulio para Yhasua: (AE, PANORAMAS EXTRATERRESTRES)

—El maestro Antulio explicó a sus discípulos, cómo se había presentado a su clara visión, la escala inmediata superior al hombre (...)

Estos relatos continúan en el capítulo siguiente (AE, EL NIÑO CLARIVIDENTE), en el que además se concluye:

Este y otros relatos de los transportes del Maestro Antulio, no aparecen en los originales de Hilkar de Talpakén, porque fueron tomados por la madre del gran filósofo, testigo ocular íntimo de esos momentos. Y las pocas variantes que en ellos se observan, son debidas a que fueron grabados por relatores diferentes.

Apocalipsis de Antulio[editar]

Jerarquía espiritual[editar]

En esta sección se presentan todas las referencias a las jerarquías espirituales presentadas en la Obra de Josefa Luque.

Ángeles Guardianes[editar]

Angel144.png

Características notables:

  • Incapacidad para el mal de cualquier orden
  • Representan siempre ese algo superior que llamamos Providencia
  • Guardianes del gran Libro de la Vida y de la Muerte

Encarnaciones físicas:

  • Generalmente vidas breves
  • Proporción de uno por mil donde se realicen obras de ayuda social

Buscando a Yhasua[editar]

Primera jerarquía: Ángeles Guardianes. Es el grado primero en la Escala de superior perfección a que puede llegar un hombre que ha alcanzado su purificación. Inteligencias de esta Legión pueden encarnar en el plano físico de la Tierra y globos de igual adelanto.

Sus características generales son: incapacidad para el mal de cualquier orden que sea y la predisposición para todo lo bueno que puede realizar un ser revestido de carne. Esto, cuando se hallan viviendo como hombres sobre la Tierra.

Ahora en estado espiritual su mismo nombre lo indica: son los guardianes y celadores de todas las obras que en beneficio de la humanidad se realizan en los mundos de aprendizaje y de prueba como la Tierra.

Son ordinariamente los inspiradores de toda buena acción, los consoladores de todos los dolores de los hombres encarnados y de los desencarnados que habitan en la esfera astral de los planos físicos, y son los intermediarios entre el dolor humano terrestre y las divinas fuentes de consuelo y de alivio, si lo merecen.

Los que están de guardia alrededor de un planeta, permanecen de ordinario en su esfera astral o estratosfera y pueden bajar y subir a voluntad y en casos justificados, y siempre para propender al bien. Y entonces toman el nombre de Cirios de la Piedad.

Tienen largas épocas de reposo en la Luz para adquirir mayores conocimientos y poderes, pues de esta Legión, las Inteligencias pueden tomar caminos y rumbos diferentes según las inclinaciones y voluntades de su Yo Superior.

Su estado es de perfecta felicidad, y el grado de su comprensión y conocimiento de todas las cosas, sobrepasa en mucho a los más aventajados espíritus encarnados en la Tierra.

Las estrellas, los planetas o soles adelantados, tienen a más de la esfera astral inmediata a la atmósfera, varias esferas radiantes más o menos sutiles según el grado de evolución al que el astro ha llegado, y es en esas esferas concéntricas y sobrepuestas, donde tienen su morada habitual las Inteligencias purísimas que llamamos Ángeles Guardianes.

Gobernadas por poderosos Jerarcas de su misma Legión, obedecen plácidamente al solo reflejo de los pensamientos de aquellos, que desde luego, están encuadrados dentro de las leyes y misiones propias de la grandiosa falange, la más numerosa de todas.

Cada subdivisión, ostenta en su etérea y sutil vestidura uno de los colores del Iris, por lo que queda entendido, que son siete grandes falanges, bajo siete Jerarcas de la misma Legión.

Lector amado, si interrogamos a cualquiera de estos Jerarcas de los Ángeles de Dios, donde encontramos a Yhasua, el Cristo, nos contestará como contestó Yohanán el Bautista, cuando le preguntaban si él era el Mesías anunciado por los Profetas.

—“Nosotros no somos dignos de desatar la correa de su sandalia. Muy más alto que nosotros le encontraréis. Subid”.

Enseñanza Antuliana para Yhasua[editar]

Son los que en el Sephirot de la Ciencia oculta más remota, se denominan Legiones del Reino, a causa de ser los más numerosos. (Arpas Eternas)

La escala inmediata superior al hombre, o sea Los Guardianes, que son Inteligencias de una avanzada evolución, y que por su naturaleza propia pueden actuar más en el plano físico, ya en colectividad o legiones, o ya individualmente:

Son los que en el Sephirot de la Ciencia oculta más remota, se denominan

  • Legiones del Reino, a causa de ser los más numerosos.

Otras escuelas de Divina Sabiduría los denominan

  • Hierofantes,
  • BodhiSattvas,
  • Profetas.

Yo les doy el nombre de “Guardianes”. En razón de las tareas y misiones que les he visto desempeñar con más preferencia. Toda obra de bien y de justicia está defendida por estas Inteligencias de gran pureza y lucidez.

Encarnan con bastante frecuencia en las humanidades de los planos físicos iguales que esta tierra. Y cuando están en la materia se les puede reconocer por la lucidez que tienen para discernir

  • lo bueno de lo malo,
  • lo acertado de lo equivocado;
  • lo verdadero de lo falso.

Todo ser que encarna con misiones espirituales de importancia, tiene uno o varios guardianes que lo ayudan a encaminarse hacia el cumplimiento de su misión.

A veces desde el plano espiritual o esfera astral, pueden tomar formas materiales y hacerse visibles a los seres encarnados, cuando grandes causas de bien común, así lo reclaman. En tal caso se hallan todos los relatos de apariciones de Inteligencias luminosas a seres encarnados, en momentos o circunstancias que reclamaban una asistencia especial. Y las Escrituras Sagradas de las más remotas Escuelas de Conocimiento Divino, relatan innumerables apariciones de esta naturaleza.

Los Guardianes que representan siempre ese algo superior que llamamos Providencia, que acude a salvar una necesidad imprescindible, o evitar una catástrofe que no está en la Ley. Son los depositarios del secreto de las vidas físicas que comienzan y de las que terminan, o sea que ellos saben cuándo, cómo y dónde debe empezar una vida; y cuándo, cómo y dónde ha de terminar. Pero como está en la Ley la conveniencia de que los encarnados ignoren en general tales secretos, estos elevados espíritus los guardan con austera severidad. Son ellos pues los guardianes del gran Libro de la Vida y de la Muerte, y sólo por causas graves y justas se permiten revelar a determinados seres, cosas que atañen a los secretos que la Eterna Sabiduría les ha confiado.

Estas inmensas Legiones de Guardianes están formadas por espíritus originarios de diversos planetas, cuyas humanidades son de una evolución mayor que la humanidad terrestre.

Cuando encarnan, realizan de ordinario vidas breves, salvo casos en que causas poderosas les retienen más tiempo en el plano físico en que actúan.

Cerca de mí, por superior mandato, tengo encarnados dos espíritus Guardianes:

y entre ambos forman el aura de protección que me es necesaria para desenvolver mi vida terrestre.

Estos Guardianes están repartidos en siete grandes divisiones o Legiones, cada una de las cuales obedece a un superior inmediato, el cual lleva la denominación de Guión o sea indicador que tal es el significado de aquel nombre; los cuales siete Guiones, reciben las órdenes del Mesías-Instructor correspondiente. Cada Legión lleva el nombre de uno de los siete colores del Iris:

  1. Oro,
  2. Azul,
  3. Escarlata,
  4. Esmeralda,
  5. Violeta,
  6. Turquí y
  7. Blanco.

Sus características más destacadas son, el amor suave y dulce, manifestado con fuerza de persuasión, y una gran firmeza y perseverancia para llevar a feliz término sus obras de bien y de justicia.

Toda belleza les atrae y toda ruindad les repugna y asquea.

Encarnan con preferencia en los planos físicos en civilizaciones espirituales elevadas, y poco en las épocas de decadencia.

Ordinariamente los hay en proporción de uno por mil, en aquellos parajes del Planeta donde con más frecuencia se realizan obras de ayuda social, que tiendan a la elevación de la humanidad.

La falta de armonía y la frivolidad en que viven de ordinario los matrimonios, son el impedimento para que estos espíritus encarnen en mayor número.

A veces sucede que toman materia, y el ambiente terrestre les resulta tan asfixiante y pesado, que les produce alteraciones orgánicas invencibles y vuelven al espacio sin haber podido realizar su cometido.

La mayoría de las Inteligencias purificadas, que forman las filas gloriosas por su abnegación de holocausto perpetuo, llamadas: Cirios de la Piedad, salen de estas inmensas Legiones, llamadas: Guardianes, que son la primera evolución superior a que llega el habitante de los planos físicos, destinados por la Eterna Ley a la procreación.

Apocalipsis de Antulio[editar]

Legión de Guardianes: forman la primera pléyade gloriosa y feliz del Reino de la Luz y del Amor.

Son Inteligencias de una evolución avanzada y que por su naturaleza propia pueden actuar con mayor facilidad en el plano físico ya individualmente o en colectividades.

Son los más numerosos y los que más cooperación directa prestan a las Inteligencias encarnadas, o sea al hombre.

Toda obra de bien y de justicia está auspiciada y defendida por estas entidades de gran pureza aunque no perfectas, las cuales encarnan con bastante frecuencia en la humanidad terrestre y se les puede reconocer en varias cualidades, siendo la más notoria la firmeza para rechazar el engaño, y en general toda bajeza y ruindad.

Todo ser humano que encarna con misiones de importancia tiene uno o varios de estos guardianes encargados de cooperar e inducirle hacia el cumplimiento de sus compromisos como espíritu.

A veces toman formas y se hacen visibles, y hasta obran a veces casi como encarnados cuando causas justas así lo reclaman. “Ellos forman esa fuerza inteligente y oculta que llaman a veces Providencia que acude en el momento preciso de salvar una necesidad cuando es verdaderamente imprescindible.

Son los depositarios del secreto que envuelve el comienzo y la terminación de las vidas físicas, o sea que ellos saben cuándo y dónde debe empezar una vida física, y dónde y cuándo ha de terminar. Pero como es Ley que no todos los seres terrestres son capaces de poseer tales secretos, estas elevadas Inteligencias los guardan con rigurosa severidad. Son ellas las que guardan el gran libro de la vida y de la muerte, y sólo por causas graves y justas les es permitido revelar a determinados seres cosas que atañen a los secretos que la Eterna Verdad les confía.

La Legión de Guardianes está formada por entidades originarias de diversos mundos adelantados y cuyas humanidades tienen una evolución superior a nuestra Tierra, por ejemplo

y de la mayoría de los grandes planetas.

Cuando encarnan en mundos inferiores como la Tierra, hacen de ordinario una vida breve, salvo algunos casos en que una causa poderosa les obliga a prolongarla. Muy pocas veces un ser de estos permanece encarnado más de cincuenta años.

Están repartidos en siete grandes divisiones cada una de las cuales obedece a uno de entre ellos de mayor evolución que les imparte las órdenes que les son transmitidas por los Heraldos de la Jerarquía inmediata superior que a su tiempo describiremos. Cada una de estas divisiones lleva el nombre de uno de los siete colores en que se descompone la luz astral:

  1. amarillo,
  2. azul,
  3. escarlata,
  4. verde,
  5. violeta,
  6. turquí,
  7. rosado.

Sus principales características son

  • el amor desinteresado y puro,
  • la suavidad y la dulzura unidas a
  • una grande firmeza y perseverancia

cuando se han abrazado a una causa justa y buena.

Toda belleza les encanta y toda bajeza les repugna y asquea por que les entorpece en los trabajos espirituales aceptados como misión.

Son invulnerables a las bajas pasiones carnales y casi nunca ocupan posiciones elevadas de riqueza y poder entre los hombres.

Muchos de ellos encarnan en los mundos inferiores cuando se acerca el advenimiento del Instructor del Planeta para allanarle los caminos y prepararle ambiente.

En las épocas en que florecen civilizaciones de gran adelanto espiritual encarnan en proporción de uno cada dos mil en los parajes de la Tierra donde se realizan obras de justicia y de fraternidad.

Los excesos de sensualidad que unen a la mayoría de los matrimonios, forman la barrera que impide a estas entidades encarnar en mayor número.

Y en las épocas de decadencia de las civilizaciones, sucede que pasan hasta dos siglos o más sin que les sea posible tomar materia en el plano físico. *–Esta verdad fue la que el Maestro Antulio quiso inyectar en el alma de la juventud de su tiempo cuando en sus grandes discursos les hablaba del manto de lino con que los donceles y las vírgenes debían cubrirse para esperar al amor–.

Son también estas entidades las que se constituyen en Guías de las colectividades o agrupaciones grandes o pequeñas que se constituyen con fines de progreso espiritual; y Guías también de los países, ciudades o pueblos donde hay marcada tendencia a los estudios espirituales elevados.

Son ellas las inspiradoras inmediatas del hombre cuya evolución le permite establecer contacto mental con estas entidades, que cuando consiguen afinidad con los encarnados llegan a tener muy delicadas solicitudes y ternezas, sintiendo íntima complacencia en los acercamientos de espíritu a espíritu. *–Es por esto, que se encierra una profunda Verdad en la atrevida afirmación del gran Maestro Antulio:

¡Hombre, vaso de tierra con alma de Dios!... ¿Has pensado que tienes el poder de atraer las grandezas del Infinito sobre tu vida terrestre?–.

Estas entidades pueden llegar a identificarse y unirse tanto a las Inteligencias encarnadas que pueden comunicarse como amigos que se encuentren en una misma habitación. *–Estas Legiones están diseminadas en siete sistemas Estelares de mayor o menor dimensión que nuestro sistema solar–.

Son finalmente como los porteros del mundo espiritual que abren las puertas de cristal y oro del Reino de Dios para hacer llegar de arriba abajo y de abajo hacia arriba los dones divinos de los cielos superiores; y las plegarias, los anhelos puros y santas esperanzas de los que caminan por la tierra buscando con la mente a la Divinidad.

Murallas de Diamantes[editar]

“¡Dios te salve, Myriam!... ¡Llena eres de Gracia!... ¡Bendita tú entre todas las mujeres!... ¡Y bendita en el que saldrá de ti, el cual será llamado Hijo del Altísimo! “¡Aleluya, Myriam!... ¡Aleluya!” “¡Canta, mujer del silencio, canta porque tu gloria sobrepasa a todas las glorias, y en esta hora solemne se ha fijado tu ruta de estrellas por los siglos de los siglos!...” (Arpas Eternas, cap. La gloria de Betlehem)

Descripción clarividente:

  • Grandes antenas blancas en forma de alas, que parecen tejidas de resplandeciente nieve.
  • Vestidos de túnica corta, color plata y azul.
  • Alas luminosas de una suave irradiación purpúrea.
  • 2 largas llamas de fuego, semejantes a espadas, de una fulguración que deslumbra y que arrancan de las palmas de sus manos abiertas.
  • Su fuerza predominante se desprende del iris de sus ojos y de los extremos de los dedos de sus manos.
  • Pueden hacerse visibles a los encarnados cuando lo creen conveniente bajo diferentes formas, hombres de ciencia y seres angustiados por catástrofes lso verán de diferente forma.

Características notables:

  • Pueden desintegrar cuerpos inanimados
  • Pueden trasladar a distancia cuerpos animados, y dispersar como polvo los átomos y reunirlos nuevamente, si tal es su voluntad.
  • Pueden paralizar el proceso ordinario de cualquier enfermedad de los organismos físicos.
  • Pueden acelerar o retrasar nacimientos.
  • Presiden los grandes cataclismos siderales
  • Pueden encarnar en mundos de expiación como Mesías
  • Son los custodios de los Archivos de la Luz Eterna.

Encarnaciones físicas:

  • Todos ellos pueden encarnar en planos similares a la tierra y en la tierra misma, a excepción de los Saetas y los Rayos.
  • Tienen la fuerza de sugestión necesaria para hacerse amar hasta el delirio con fines de bien y de justicia, y sin que intervenga para nada la potencia sexual cuando se trata de seres de sexo diferente.

Están divididos en 7 categorías diferentes:

  1. Vigías
  2. Potenciales
  3. Heraldos
  4. Columnas
  5. Aquilones
  6. Saetas (no pueden encarnar)
  7. Rayos (no pueden encarnar)

Están dirigidos por siete Jerarcas que obedecen a la idea del Mesías correspondiente al planeta en que actúan. Los Siete Arcángeles elegidos por el Cristo son:

  1. Ariel (Jerarca–Archivero)
  2. Gabriel (Anuncios)
  3. Rafael (Orientación Familiar)
  4. Daniel (Orientación Psíquica)
  5. Samuel (Guía de la Meditación)
  6. Miguel (Espada de Justicia y Protección)
  7. Ezequiel (Armonías y Clarividencias)

Buscando a Yhasua[editar]

Y subiendo a las radiantes esferas sutiles que envuelven globos siderales de gran perfección, encontraremos entre mares interminables de luz, de bellezas indescriptibles, de las que son opacos reflejos las más admirables bellezas de la Tierra, otra numerosa jerarquía de Inteligencias purificadas y que irradian amor, poder, sabiduría, en grado mucho más superior que la legión anterior.

Son los Arcángeles llamados también Torres de Diamantes o Murales, según la lengua en que tales nombres se escriben. Son éstos los señores de los elementos o fuerzas poderosas, que aparecen a veces en los planos físicos. Ellos son los que gobiernan las corrientes dispositivas de encarnaciones de espíritus en determinados mundos, entre unas u otras razas según el grado de su evolución y según la altura de la civilización a que deben de cooperar.

Guardan ellos el libro de la vida y de la muerte, marcan con precisión y justicia las expiaciones colectivas de los pueblos, de las naciones o de los continentes. Aunque rara vez, encarnan también en los planos físicos, sobre todo cuando algún gran espíritu Misionero debe permanecer allí, en cumplimiento de un Mensaje Superior de gran importancia.

Tienen también sus grandes Jerarcas, que en Consejo de siete, distribuyen las misiones o las obras a realizar. Visten también sutiles túnicas de los colores madres más espléndidos y radiantes, pero a diferencia de los anteriores, están provistos de grandes antenas blancas en forma de alas, que parecen tejidas de resplandeciente nieve.

En ellas residen las poderosas fuerzas que les hacen dueños y señores de los elementos. Si a cualquiera de estos Jerarcas de los radiantes Arcángeles les preguntamos si está entre ellos Yhasua el Cristo, nos responderá igual que los anteriores:

—“Subid, subid, porque nosotros sólo somos sus servidores cuando él está en misión”.

Enseñanza Antuliana para Yhasua[editar]

Arcángeles: siguen en la grandiosa Escala evolutiva de las Inteligencias, las que forman otra inmensa Legión que el Divino Conocimiento llama: Muralla de Diamantes. Son Inteligencias que han desarrollado con frecuencia grandes poderes, fuerza y energía que ponen al servicio de los elevados y ocultos designios del Eterno Poder.

Son siete categorías diferentes, y cada cual tiene su actuación propia:

  1. Vigías,
  2. Potenciales,
  3. Heraldos,
  4. Columnas,
  5. Aquilones,
  6. Saetas y
  7. Rayos.

Están dirigidos por siete Jerarcas que obedecen a la idea del Mesías correspondiente al planeta en que actúan.

En mis clarividencias se me han presentado vestidos de túnica corta, color plata y azul, con alas luminosas de una suave irradiación purpúrea, y con dos largas llamas de fuego, semejantes a espadas, de una fulguración que deslumbra y que arrancan de las palmas de sus manos abiertas.

Yo percibía su acercamiento como un agradable calor, que es a la vez vibración, energía y poder.

Todos ellos pueden encarnar en planos similares a la tierra y en la tierra misma, a excepción de los Saetas y los Rayos, cuyas poderosas vibraciones no las resistiría un organismo físico terrestre.

Sus poderes dominan corrientes magnéticas poderosas y electro-radiantes, y pueden desintegrar cuerpos inanimados y trasladar a distancia cuerpos animados, y dispersar como polvo los átomos y reunirlos nuevamente, si tal es su voluntad.

Encarnados, tienen la fuerza de sugestión necesaria para hacerse amar hasta el delirio con fines de bien y de justicia, y sin que intervenga para nada la potencia sexual cuando se trata de seres de sexo diferente.

Pueden paralizar el proceso ordinario de cualquier enfermedad de los organismos físicos, cuando la vida de determinados seres debe ser prolongada por causas de gran importancia, y pueden asimismo acelerar o retrasar nacimientos, por evitar influencias astrológicas adversas a la misión que traen a la vida seres de evolución avanzada, y de cuya actuación dependerá el adelanto o retraso de grandes porciones de humanidad.

Su fuerza predominante se desprende del iris de sus ojos y de los extremos de los dedos de sus manos. Una de estas grandes y fuertes Inteligencias presidió mi nacimiento, que se realizó una luna antes del tiempo normal, con lo cual se consiguió que se realizara bajo la influencia de Júpiter y Venus, que convenían a la tarea marcada por mi Ley, para esta hora de mi viaje eterno. Era un Heraldo que obedecía a Aelohin, uno de mis actuales Guías y le debo en gran parte el fácil desenvolvimiento de mi misión actual.

Ordinariamente despliegan sus formidables actividades en las esferas astrales de mundos elevados, pues casi siempre son los encargados de preparar los caminos y despejar de escollos, los acercamientos de larga o corta duración de los Mesías, enviados a los planos en que por designios superiores deben actuar.

Son también los custodios de los Archivos de la Luz Eterna, desde los comienzos de la creación y de las nebulosas y de los Sistemas Planetarios.

Y siendo ellos la avanzada de las Inteligencias que dirigen la transformación de globos y humanidades, que no responden ya a la marcha armónica marcada por la ineludible Ley de la Evolución; presiden los grandes cataclismos siderales, en que planetas apagados y sin fuerzas de atracción ni de cohesión, se precipitan por el vacío como una piedra lanzada al acaso, sin ruta determinada y con velocidades espantosas produciendo enormes catástrofes que estas fuertes Inteligencias hacen de utilidad, para humanidades y mundos que han llegado a su época de transformación.

Cuando alguna Inteligencia desencarnada acepta la misión de dictar o recibir conocimientos superiores, históricos o filosóficos para determinadas humanidades, debe formar alianza al encarnar con una o varias de estas Inteligencias llamadas Murallas de Diamantes (Arcángeles), ordinariamente con los Heraldos y Vigías, que son los custodios del Divino Archivo de la Luz Eterna, en lo que a la marcha de humanidades se refiere.

He visto con claridad el proceso seguido para estos casos, y lo relato conforme a lo que me ha sido permitido ver.

Figuraos un inconmensurable recinto con muchas entradas, todas ellas cubiertas con radiantes velos fluídicos de tan variados colores y matices, que el observador cree que son azules y luego se tornan oro o amatista, o esmeralda o púrpura vivo, como si tales cambiantes vinieran de lejanos focos luminosos, que no puede precisar donde están situados. Y todo esto se debe a los pensamientos evocadores, que desde todos los mundos llegan a estas puertas veladas en demanda de conocimiento y de verdad.

Y cuando los cambiantes se tornan como una ebullición vertiginosa de colores, los velos desaparecen como por arte mágico, y en cada puerta se destaca la figura radiante de un Heraldo o un Vigía, que extendiendo sus manos abiertas y fijando sus ojos resplandecientes en un determinado punto del espacio infinito, atrae con fuerza irresistible, a las Inteligencias que van a transmitir la Verdad a las humanidades, donde hay porciones de almas que esperan, llegadas ya a la evolución necesaria.

Las Inteligencias que van a transmitir o dictar, penetran al primer recinto, donde innumerables esferas luminosas giran majestuosamente como sostenidas por ejes invisibles, y cuya superficie al igual que espejos combos inmensos, dejan ver al observador, lo que quiere transmitir o dictar. Mas, no creáis que sean bocetos o esbozos muertos de acontecimientos o vidas de un remoto pasado, como se ven en una pintura mural, sino la vida misma, con todas sus emociones, movimientos y actividades, tal como si fuera, no un pasado, sino el presente mismo con todo su realismo vivo, palpable, sensible, imponente o aterrador.

He comprendido, que de aquí nace el viejo decir: “que Dios todo lo ve” pues nada ha quedado sin ser recogido por la Eterna Luz. Es de aquí y en tal forma, de donde copian las existencias planetarias de los seres, que a través de inmensas edades han realizado hechos buenos o malos, en unión con porciones de humanidad con las cuales vivieron.

Estos fuertes y adelantados espíritus, así como pueden hacerse visibles a los encarnados cuando lo creen conveniente, pueden tomar el aspecto que concuerda con el tono o vibración de quienes les evocan, y de las circunstancias especiales en que se les evoca o espera.

  • Un consejo de hombres de ciencia, animados de las más nobles y puras intenciones que fueran favorecidos por apariciones de estas Inteligencias, les verán de una forma y color;
  • madres, esposas e hijas angustiadas en horas de terribles catástrofes, les verán de forma y color diferente,

porque obra en ellos la fuerza irresistible de su propio pensamiento y anhelo, en acuerdo con el pensamiento y anhelo de quienes necesitan de ellos, o les están ligados por viejas alianzas.

Teniendo conocimiento de que toda Inteligencia es como un foco de continuas vibraciones, y cuanto más adelantadas y puras, mucho más aún, bien se comprenderá que es difícil para un relator de los planes espirituales, dar definiciones precisas referentes a aspectos de los elevados seres que pueblan los Reinos Eternos de la Luz.

El alma que haya conquistado el don divino de la percepción espiritual por la clarividencia, podrá por sí misma comprobar esta aseveración.

Los Arcángeles del Cristo[editar]

Mahoma recibiendo su primera revelación del ángel Gabriel.

Una digresión de Hilarión en el libro "Moisés, el vidente del Sinaí": [1]

Creo muy oportuno mencionar aquí los nombres con que en el plano correspondiente son designados los Siete Arcángeles elegidos por el Cristo Ungido Divino, para mensajeros suyos y colaboradores íntimos en unión con sus seguidores encarnados en el plano físico:

  1. Ariel (Jerarca–Archivero)
  2. Gabriel (Anuncios)
  3. Rafael (Orientación Familiar)
  4. Daniel (Orientación Psíquica)
  5. Samuel (Guía de la Meditación)
  6. Miguel (Espada de Justicia y Protección)
  7. Ezequiel (Armonías y Clarividencias)

Esplendores y Victorias[editar]

Buscando a Yhasua[editar]

"La creación de las aves" de la pintora española Remedios Varo (1908 - 1963).

Y seguiremos corriendo, lector amigo, hacia esferas y planos más radiantes y sutiles, donde los Esplendores y las Victorias, los esposos adolescentes cuyo recíproco amor les complementa para la constante y permanente creación de las formas y de los tipos, de cuanta manifestación de vida observamos en la compleja y sabia combinación de la Naturaleza, los excelsos conductores de la mágica ola, que no es fuego, ni agua, sino materia radiante de donde toman su luz, todos los soles, todas las estrellas más esplendorosas, de donde surgen los principios de todo sonido, de toda armonía, de toda voz, capaz de deleitar al alma más delicada.

Ola que viene y que va en rítmico y eterno vaivén, y entre cuyas ondulaciones luminosas se esfuman, suben, bajan, se enlazan, flotan, esos incomparables espíritus radiantes de belleza, de armonía, de fuerza imaginativa y creadora en su misma inefable suavidad.

Piensan una forma, un tipo, un sonido, un color, y de la ola formidable de materia radiante en que ellos se deslizan y viven como en su propio elemento, van surgiendo sus pensamientos hechos formas, tipos, sonidos y colores, para que la eterna madre Naturaleza conciba en su fecundo seno, aquellas divinas manifestaciones de vida que ningún artífice terrestre es capaz de forjar ni en semejanza siquiera.

Y si estos seres, cuya dicha suprema está en la contemplación de sus eternas creaciones, para poblar de múltiples formas de vida los mundos y los universos, propendiendo así a la evolución de todos los seres orgánicos e inorgánicos, escucharan nuestro interrogante: ¿está por ventura entre vosotros, Yhasua el Cristo? ellos nos responderían sin detener el armónico movimiento de sus manecitas como lirios:

—“Yhasua el Cristo es un arpa viva que vibra siempre entre los Amadores, y de su vibración eterna de amor, aspiramos las notas sublimes y tiernísimas para plasmar creaciones dulces, amorosas y sutiles... para forjar el grito de amor de una madre, el canto de amor de una hija, la égloga de inmensa ternura de una esposa que sabe sacrificarse por un amor, que sobrepasa a todas las cosas.

Nosotros, ya lo veis, creamos la forma, el tipo, el sonido, el color...

¡Mas, Yhasua, crea el Amor más fuerte que el dolor y que la muerte!...

¡Subid al cielo de los Amadores o Arpas Eternas, y allí le hallaréis entre los Amantes heroicos y geniales, que dan vida en sí mismos al Amor que les lleva hasta la muerte, por los que no saben ni quieren amar!...

“De nuestras creaciones surgen todas las formas y tipos de vida, de belleza, de color y de armonía que observáis en los mundos que habitáis; pero de los Amadores, Arpas Eternas de Dios, emana perpetuamente el Amor que es consuelo, paz, esperanza y salvación en todos los mundos del Universo. Y son ellos, los que sólo pueden llamarse Salvadores de humanidades.

¡Subid, subid al cielo divino de los Amadores, donde vive la gloria de sus heroicos amores, Yhasua el Cristo Divino que venís buscando!

Enseñanza Antuliana para Yhasua[editar]

Esplendores y Victorias: Estos purísimos seres, forman la escala inmediata superior a la Muralla de Diamantes. Algunas antiquísimas escuelas de Divina Sabiduría les han llamado: Los habitantes de la ola. Tal designación se debe, a que siempre se les ve con los pies como sumergidos en una formidable ola o corriente de energía viva, de cambiantes colores y tonalidades, que avanza hacia el observador con tal potencialidad, que parece avasallarlo e inundarlo todo.

Y cuando ha llegado hasta él, sólo siente la suavísima caricia de las radiaciones de la formidable ola que lo traspasa y lo penetra sin hacerle daño alguno, antes bien, produciéndole una suavidad divina tan intensa, que hasta le hace perder la noción de su existencia, y se cree a sí mismo, una explosión de luz y de dicha.

Es a esto, a lo que algunas Escuelas han llamado Tercer Cielo o el Tercer Reino, y si no es con poderosa ayuda de guías experimentados, la subida a éste esplendoroso lugar les ha costado la vida, pues no han podido entrar en su materia abandonada por más tiempo del que permite la Ley de los organismos físicos.

Es a los Esplendores y Victorias, que son principio masculino los primeros, y principio femenino los segundos, que algunos antiguos maestros de Conocimiento Superior les llaman Esposos Eternos porque se comprende muy bien, que en la unión espiritual de estas dos gloriosas falanges, se crean todas las formas que sirven luego de prototipo para todas las creaciones en los planos físicos.

De la formidable ola de Energía Viva en que ellos viven su vida eternamente feliz, crean y forjan cuanto es visible como forma, en los millares de millones de mundos que se conocen desde este planeta, y que no se conocen aún.

De sus manecitas de rosa y luz, que aparecen siempre en activo movimiento, cual si de impalpables burbujas o sedosas guedejas fueran ellos tejiendo y modelando, surge todo cuanto existe en la vasta creación universal.

Ora son preciosos parvulitos de nieve y rosa, que parecen surgir de la ola misma en que estas sublimes Inteligencias sumergen sus manos, sus pensamientos y la luz radiante de sus ojos. Ya son deliciosos bouquets de flores de múltiples formas y colores, que coronan y bordan a intervalos las interminables ondulaciones de la inmensa ola que viene y que va; que se acerca y se aleja, hasta perderse en las lejanías de un horizonte color de ópalo y rosa.

Ya son bandadas de pájaros que como recortes de cristales resplandecientes emergen en momentos dados del seno de la ola, que es como el fecundo seno materno que concibe eternamente, lo que le imprimen los sublimes pensamientos de aquellos divinos creadores. Creo que con lo dicho hay para comprender medianamente la capacidad y la vida de estos elevados y puros espíritus.

Los Egos[editar]

[Aún en el cielo de Esplendores y Victorias']

Aquí hay que advertir algo más maravilloso aún, que se observa a cada intervalo, en que la inmensa ola antes dicha se aleja casi hasta perderse de vista. Entonces el observador descubre algo así como una inmensa bóveda de una transparencia tan nítida y a la vez resplandeciente, que se figura será como el grandioso templo o santuario en que actúan los moradores de la ola mágica.

Apenas piensa uno en dicha bóveda, ya está en ella como suspendido sobre nubes impalpables; y ve que la bóveda resplandeciente, son innumerables velos rizados y sobrepuestos que se estremecen al más ligero soplo, y que ostentan colores de indescriptible belleza. Y aún antes de que la inteligencia interrogue, unas manecitas como hechas de lirios y de rosas apartan graciosamente los velos, y por el resquicio entreabierto el observador contempla una selva luminosa hasta causar deslumbramientos, pero una selva o bosque formado de óvalos de un tamaño mayor que el de un hombre de alta estatura.

Estos óvalos son de muy diversas tonalidades, aunque todas suavísimas y que irradian energía y calor, unos con mayor potencia que otros.

Quienes descorrieron los velos, son los mismos seres de la ola mágica, que son por Ley, guardianes de este magnífico Cielo o Reino. “Sin saber cómo ni por qué, me siento llevado ante un arco de finas columnas, como de una piedra luminosa y dorada, y me doy cuenta que aquello es una puerta que se abre ante mí. Uno de aquellos óvalos de color rosa, dorado, está al alcance de mi mano y en él comienza a diseñarse una silueta como si fuera yo mismo que me miro en el fondo transparente de un espejo de oro.

Algo perplejo pienso: Soy yo que llego y yo que salgo a recibirme. ¿Qué es esto Dios mío... qué es esto? Y una interna iluminación dice en mi mente:

—Es tu Ego, tu Yo Superior, tu Creador, tu Padre, la chispa divina que a semejanza de Dios, ha creado todas sus existencias terrestres, de igual manera que el artífice esboza en un lienzo todas las figuras que forman el argumento de su cuadro.

Y este otro Yo, me demuestra un infinito amor, una tiernísima complacencia, en verdad como la de un padre que vuelve a ver después de largo tiempo a su hijo bien amado.

—Eres mi hijo en quien tengo toda mi complacencia, –entiendo que me dice, al mismo tiempo que me estrecha en sus brazos etéreos y luminosos.

El intenso abrazo me duerme, me quita el conocimiento, desaparezco en su esencia... ya no me siento vivir en mí mismo sino en ese otro Yo.

Arpas Eternas[editar]

Buscando a Yhasua[editar]

Subimos a la Constelación de Sirio por no mencionar otras de las mil y mil que son moradas de luz y de gloria de las Arpas Eternas del Divino Amor. (El lector comprenderá que estas percepciones son posibles solamente en ese estado espiritual que se llama éxtasis o transporte, o desdoblamiento consciente del espíritu).

Y mucho antes de llegar a la esfera astral conjunta de aquella hermosísima constelación, nos sorprende una multitud abigarrada y compacta de fibras luminosas sutilísimas, del rosado color de la aurora cuando un sol de estío está para levantarse; fibras, rayos o estelas que parecen nacer en los globos mismos de aquel radiante Sistema.

El que por primera vez llega a tales alturas, se figura que aquella infinidad de rayos luminosos son como defensas que impiden la llegada de los profanos, tal como algunas famosas fortalezas de la antigüedad aparecían erizadas de puntas de lanzas agudísimas y a veces envenenadas, como formidable defensa de enemigos desconocidos, pero posibles.

Y el guía... (que allí nadie puede llegar sino conducido por un experto Instructor), nos dice:

“No temáis, que estos rayos no hieren a nadie sino que acarician con infinita dulzura”.

—¿Qué son pues estos rayos y para qué están como formando una selva de fibras de luz sonrosada alrededor de estos magníficos soles? –preguntamos.

—Son las formidables antenas, que nacidas del plexo solar o centro de percepción de los Amadores o Arpas Eternas, atraviesan toda la inmensa esfera astral de esta Constelación habitada por ellos y permanecen perennemente tendidas hacia los espacios que le rodean y en todas direcciones, a fin de captar con facilidad el Amor y el Dolor de todos los mundos del Universo a que esa Constelación o Sistema pertenece.

Y estas Arpas Vivas y Eternas están percibiendo los dolores humanos de los que desde mundos apartados y lejanos les piden piedad, consuelo y esperanza... y ellos, dioses de Amor y de Piedad, emiten con formidable energía el consuelo, la esperanza y el amor que les demandan.

He aquí, el efecto maravilloso e inmediato de una oración, pensamiento o plegaria, dirigido a tan excelsos y purísimos seres. ¡Amadores!... ¡Arpas Eternas del Infinito!...

Viven amando eternamente, y cuando sus antenas captan gritos desesperados de angustia de mundos amenazados por cataclismos que sólo el Amor puede remediar, se precipitan desde sus alturas de inmarcesible dicha, como pájaros de luz entre las tinieblas de los mundos de dolor y de prueba, ¡para salvar a costa de tremendos sacrificios y hasta de la vida, lo que puede aún ser salvado y redimido!

Y ahora hemos encontrado a Yhasua el Cristo Divino ¡Salvador nueve veces del hombre terrestre!...

Enseñanza Antuliana para Yhasua[editar]

(AE, EL NIÑO CLARIVIDENTE)

Pocos días después, me fue anunciada por la escritura recibida por mi discípulo Hilkar, que antes de proseguir las exploraciones espirituales, recibiría la visita de los compañeros que al igual que yo habitaban el séptimo Cielo, llamado “Cielo de los Amadores”; para prepararme a subir desde este pesado plano físico cuya materia revisto, a aquellos sutilísimos planos donde la materia, si la hay, es sólo como un soplo suavísimo, como una vibración, como una armonía.

(...)

Y el día séptimo nos fue forzoso pasarlo quietos en nuestros sillones de juncos, pues ya no era posible ni la palabra ni el movimiento. Éramos todos, un arpa viva, que vibraba en una cadencia sin ruido, pero que tenía al alma absorta en una indefinible dicha.

Éramos, en verdad, participantes del cielo dulcísimo de los Amadores. (Para mejor inteligencia de los lectores diré que dicha legión está formada por los purísimos seres que las Iglesias han llamado Serafines, de los cuales se hacen mención que visitaron a dos extáticos: Teresa de Jesús y Francisco de Asís).

Y en medio de este desbordamiento de gozo espiritual, imposible de definir ni de comprender para quien no lo ha sentido, se hizo para nosotros una claridad mental tan excelente, que comenzamos a percibir el acercamiento de nuestros visitantes del cielo de los Amadores.

En primer término nos apareció nuestro modestísimo recinto como convertido en una selva de árboles, cuyas ramas, hojas y floración eran de los colores del Arco Iris, y estos árboles esplendorosos eran musicales, como si cada uno de ellos fuera un arpa, donde cada hojilla luminosa era una cuerda que vibraba en suavísimas melodías, sin que mano alguna las tocara. Y nos fue dado comprender que esas suavísimas vibraciones y resonancias, eran como la prolongación de las ininterrumpidas ondas de amor divino, que irradiaban hasta largas distancias los espíritus Amadores.

Y en medio de esa selva de luz, de armonías y colores que no se conocen en la tierra, ni se pueden definir con nuestro pobrísimo lenguaje, vimos destacarse doce formas semejantes a las humanas en sus aspectos exteriores, bien que dotadas de una belleza tal, que cuanto se diga resultaría pálido comparado con la realidad.

Compararlos con esculturas de mármol o de alabastro, resulta demasiado grosero, aunque se les suponga una extremada perfección de líneas.

Aquellas imágenes eran formas incorpóreas y como hechas de una diáfana luz rosada viva, que difundía en derredor una dulzura infinita. Y nos sonreían. Y se acercaban, y era como el acercarse de las notas divinas de un cantar que llegaba de lejos. “Nuestro pensamiento deslumbrado y absorto les preguntó:

—¿Quiénes sois?

—Manifestaciones del Amor Divino.

—¿Qué hacéis?

—Derramar el Amor Divino sobre todas las esferas.

—¿Qué buscáis en este grosero plano terrestre?

—Llenarlo de Amor Divino, para que sea en él posible tu vida física, ¡Oh, Amador, desterrado voluntario de nuestro Cielo de Amor! ¡Mirad!

Y al pensar ellos esas frases sin sonido material, desfiló por un tiempo que no puedo decir si fue largo o corto, algo así como un lienzo gigantesco que se desenvolviera ante nosotros, sin poder precisar cómo ni porqué.

Eran esbozos vivos y reales de diversos parajes de este globo, ciudades y pueblos que estaban en luchas feroces por viles intereses materiales, y que en ese preciso momento arrojaban las armas fratricidas, y los jefes guerreros se estrechaban las manos o se abrazaban cordialmente.

Jefes piratas desembarcando en aldeas, con intención de robar niños y doncellas para sus delictuosos comercios de carne humana viva, y que, de pronto, sentían sus entrañas removidas por la compasión ante el llanto de las madres y de los parvulillos arrancados de sus brazos. Y llevarse en vez de seres humanos, aves, bestias y frutos, en cuya adquisición encontraban mayores ventajas.

—¿Quiénes sois? –volvía a preguntar nuestro pensamiento estático–. ¿Quiénes sois que obráis tales transformaciones?

—Somos el canto del Amor Divino, que llega a esta tierra a través de nosotros, y aleja momentáneamente el odio y el egoísmo para que tú, Amador desterrado voluntario, puedas continuar tu misión de Salvador de esta humanidad.

—¿Y por mí hacéis tantas maravillas?...

—En este instante lo hacemos por ti. En la eternidad de nuestra vida gloriosa de Amor, lo hacemos constantemente en todas las Esferas donde aún predomina el egoísmo. Y lo hacemos por todos los Salvadores de humanidades, que necesariamente, y por Ley Eterna, son Hermanos de nuestra Legión, pues escrito está en los cielos de todos los Orbes, que “Sólo por el Amor serán salvadas las almas”.

Como un dardo de fuego que no lastima ni quema, te desprendiste de nuestro Cielo de Amor, y otros contigo, hacia mundos que al igual que éste, estaban al borde de merecer el decreto divino de la destrucción. Arpas Vivas del Amor Misericordioso, nuestra Legión de Amadores debía interponerse entre la espada de la Eterna Justicia y los mundos delincuentes, para salvar lo que aún pudiera ser salvado. Y desgarró de su seno jirones de Sí Mismo, que dejó caer como lábaros de Paz y de Misericordia, que cargando sobre sí mismos todas las iniquidades y todas las aberraciones, se hicieran mártires voluntarios por la salvación de los miserables.

Y en aquel momento percibí o sentí, que uno de aquellos seres que parecían recortes de celajes de la aurora, se me acercaba íntimamente hasta colocarme una mano en la nuca y otra en el plexo solar, mientras comprendí que decía a sus compañeros con el pensamiento, único lenguaje usado entre ellos:

—Ahora tendrá fuerza para verlo todo.

Y apenas pronunciadas tales palabras, vi rodar en el obscuro vacío, veintitrés esferas de dimensiones mayores, iguales o menores que este planeta, y en ellos, encarnados como yo, mis veintitrés compañeros en misión salvadora de aquellas humanidades. Vi los tormentos y género de muerte en que ofrendarían sus vidas a la Eterna Justicia, por la salvación de sus Hermanos delincuentes.

  • Los unos decapitados,
  • otros quemados,
  • otros precipitados desde altas montañas,
  • otros entre las fauces de las fieras,
  • y algunos envenenados.

Entre estos últimos me vi yo, sentado en una banqueta de piedra bebiendo la droga mortífera, mientras sollozaban junto a mí, mi madre y mis discípulos más íntimos.

El ser piadoso que me confortaba era Odina, mi alma compañera, que inclinándose sobre mi materia helada, me decía con su voz sin ruido:

¡Amado mío!... Yo dejaré la materia entre las ardientes llamas de la hoguera y unos años antes que tú, y estaré a tu lado cuando bebas el elixir de la libertad.

(...)

[Pregunta Yhasua] ¿Por qué es necesario el sacrificio de los Amadores para salvar las humanidades? (...)

[Responde un Esenio] -La Solidaridad Universal, es una de las inmutables leyes del Universo, y esta solidaridad se manifiesta más perfectamente cuanto más purificados y perfectos son los seres.

La Legión de los Amadores llegados ya a una gran evolución, son habitantes de lo que llamamos el Séptimo Cielo, en cuyos dos planos más inferiores de los siete que tiene cada cielo, viven las Inteligencias que aún pueden tomar materia en los mundos atrasados que protegen.

Antulio estaba en el primer plano de esos dos, y por tanto aún podía encarnar en el plano físico terrestre.

Cuando los Setenta de esa oleada de evolución, crearon por mandato superior esta nebulosa, entre ellos quedó el encargo supremo de todos esos globos y de las humanidades que habían de habitarlas.

Y como entre esos Setenta guías de humanidades, había Inteligencias pertenecientes a todas las jerarquías de los mundos superiores, necesariamente debía existir entre todos ellos la gran solidaridad, que les es indispensable para conducir humanidades y mundos hacia la meta final, o sea, que los Espíritus de Poder y Justicia, se harían cargo de la depuración mediante las expiaciones colectivas dirigidas y encauzadas por ellos; y que los Espíritus de la Legión de los Amadores, mensajeros y transmisores del Eterno Amor Misericordioso, harían contrapeso en la Justicia Eterna de la Ley, bajando hacia las humanidades delincuentes, con legiones de espíritus Amadores de inferior categoría para que los secundasen en su inmenso y heroico sacrificio.

Por eso, Yhasua, estamos los esenios en esta Tierra al mismo tiempo que tú. Y estuvieron con Anfión y con Antulio: los Profetas Blancos, de los que surgieron los Dakthylos de la Ática prehistórica; y con Abel los Kobdas de la época prefaraónica; y los Flámenes de la India con Krishna y Buda; y los Koptos del Sinaí con Moisés.

La Eterna Ley de las causas y de los efectos es estrictamente severa. A tal cantidad de egoísmo y refinamiento de maldad, capaces por sí solos de acabar con una humanidad, debe oponerse igual cantidad de amor desinteresado y de heroicas abnegaciones, si se quiere mantener el justo equilibrio, en que solamente pueden conservarse y desenvolverse las creaciones de mundos y de humanidades.

Antorchas Eternas[editar]

Apocalipsis de Antulio[editar]

Se abrió otro canal circular en aquellos muros formados como de nubes resplandecientes:

–“Lo que veis allí –dijo [ Sirio ] con su poderoso pensamiento que nos penetraba por completo–, son los ante pórticos del Infinito, del Absoluto, del Gran Todo Universal hacia donde caminamos sin podernos ya detener. Esos radiantes seres que os parecen soles de oro azul que sostienen rayos reverberantes que son cadenas de luz color de fuego, son las Antorchas Eternas que marcan los caminos a los millares de globos siderales que forman los Siete Universos, a uno de los cuales está encadenado vuestro pequeño Sistema Solar, en cuyas órbitas rueda como diminuta avellana vuestra Tierra.

Y son ellos los que encauzan la evolución de las humanidades que los habitan. Esas poderosas redes de hilos de fuego que dirigen y sostienen, desciende de la parte superior de este Séptimo Cielo morada de los Siete Fuegos Magnos, que son la Energía Creadora y Conservadora de los Siete Universos a que vos y Yo pertenecemos. Son ellos la cúspide gloriosa y radiante de la montaña eterna de la evolución que todos hemos de subir. Más allá de Ellos..., ya no hay más que la Eterna Luz, la Eterna Energía, el Eterno Amor en que desde toda la Eternidad han ido refundiéndose todas las Inteligencias creadas, después de haber recorrido iguales caminos desde los más tenebrosos comienzos en la vorágine del caos hasta lo más radiante y excelso de la Divina Claridad.

A las poderosas vibraciones de tales pensamientos de aquel soberano Ser, se abrieron como rasgaduras, en sutiles cortinados de un blanco de nieve abrillantado por inmensas hogueras, y pude percibir nítidamente a través de aquellas rasgaduras o resquicios, siete inmensos soles color de oro vivo, al lado de los cuales nuestro pobre sol parece menos que una lamparilla de aceite. Aquellos soles de oro vivo tenían formas humanas de una perfección y belleza indescriptible.

Como tendidos en reposo sobre siete montículos formados como de millares de estrellas o flores de luz dorada, sostenían los hilos de los Siete Universos de su pertenencia, mientras departían y transmitían sus pensamientos a sus inmediatos inferiores, las Antorchas Eternas, que son los primeros ejecutores de aquellos soberanos pensamientos.

Quizá nuestra pequeñez no resistió la presencia aunque lejana y puramente visual de aquellas soberanas Inteligencias, o que la hora permitida por la Eterna Ley había terminado, es lo cierto que tuve la sensación de ser envuelto con mi Ego en algo así como una blanda y tibia nubecilla de luz amarillenta y suavísima entre la cual, me pareció descender lentamente al mismo tiempo que una dulcísima melodía que parecía surgir de la nube misma, semejaba al dulce arrullo de un ensueño en una cuna de plumas y encajes blandamente mecida por la mano amorosa de una madre.

Me desperté de nuevo a la oscura vida del plano físico terrestre, entre el gemir de tres de mis más íntimos discípulos a quienes el frío de mi materia les parecía ya el frío de la muerte. Sus primeras palabras:

–Maestro grande y bueno no te vayas y nos dejes solos, me produjeron un profundo sentimiento de humillación, que ellos no eran capaces de apreciar.
¿Acaso es un gran mal que muera una hormiga? –les dije, absorto aún en mi insignificancia y nulidad comparada con lo que la Divina Bondad me había permitido comprender, sentir y vivir en el breve espacio de tiempo que medía entre la caída de la tarde y la aparición de Venus en el espacio azul.

Fuegos Magnos[editar]

Digresión Llave de Oro[editar]

En la digresión 'Llave de Oro' del Apocalipsis de Antulio, se menciona lo siguiente: [2]

Desde lo más alto de los planos, moradas de las Inteligencias Superiores que ya casi se confunden con la soberana Esencia Divina, hasta lo más mísero y oscuro de los planos físicos, encontramos esta eterna Ley de la solidaridad Universal bien que en menos grado y a veces oscurecido por las tinieblas del egoísmo en humanidades atrasadas y primitivas.

He llegado por bondad del Altísimo a contemplar por un momento los Siete Fuegos Magnos del Séptimo Plano, Guías Supremos de los Siete Universos de que forma parte nuestra cadena de mundos, y les he visto como reposando sobre montículos de estrellas doradas, sosteniendo sin esfuerzo inmensos lazos de fuego vivo chispeante de luz y de energía.

Y he comprendido que aquellos lazos son verdaderos torrentes de energía y de vitalidad que, por intermedio de ellos, derrama la Esencia Divina sobre aquellos Siete Universos.

Y los montículos de doradas estrellas son una enorme acumulación de fuerza radiante y viva, de una sensibilidad tan sutil y delicada que cambia de lugar, de forma y color al más suave pensamiento de aquellas Inteligencias Soberanas, en las cuales van a repercutir todas las vibraciones de las Inteligencias que habitan los Planos precedentes, incluso los Egos más avanzados, cuyos pensamientos tienen acceso a estas radiantes Inteligencias cercanas a la Divinidad.

El proceso descendente de esas inmensas olas de energía viva desde la altura de los Fuegos Magnos hacia los Planos precedentes, se realiza mediante la fuerza del pensamiento que sube esta escala infinita en busca de la Luz y la Energía que es Vida y Amor.

Apocalipsis Bíblico[editar]

Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios. (Biblia RVR60, Apocalipsis 4:5)

Dios[editar]

En mis largas meditaciones comprendí que el Absoluto o Gran Todo es Energía, es Luz y es Amor. Tres eternas potencialidades residentes en Siete fuerzas inteligentes y vívidas llamadas “Fuegos Magnos”, que son las que determinan lugar, época y forma a las creaciones, que luego realiza la esplendorosa Legión de Inteligencias Superiores que la Ciencia de Dios y de las Almas ha denominado “Antorchas Vivas”, cuyo número es tanto como setenta multiplicado por setenta. (OC, LA SABIDURÍA DE LOS DAKTHYKOS)

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Moisés, el vidente del Sinaí, cap. "Los Caballeros Iberianos"
  2. Moisés, el vidente del Sinaí, cap. "El Hierofante Isesi de Sais"