El idilio de Adonai y Elhisa

De Obra FCU
Saltar a: navegación, buscar

El inicio del relato, de cómo se conocieron Adonai y Elhisa en tiempos de Abel, es relatado en: (OC, LOS AMANTES DE DIOS).

Diálogo entre Adonai y Elhisa antes de aceptar la transmigración a efectuar para prolongar sus vidas: (OC, EL POEMA DE ADONAI Y ELHISA)

Nuevos abismos de dolor nos arrojarán otra vez al uno lejos del otro..., ¡y yo mujer, seré de nuevo víctima de brutales tiranías que harán de mí una mártir por milésima vez!... –Y cubriéndose el rostro con ambas manos rompió a llorar a grandes sollozos.

– ¡Elhisa!..., golondrina compañera de largos siglos –exclamó Adonai–. ¿Por qué vuelves así a vivir aquella otra juventud que ya descansa en el pasado?

“¿De qué martirios hablas y de qué dolorosa separación?

“¿No estamos acaso, uno al lado del otro como pajarillos en una misma rama?

“¿No has comprendido acaso que con los despojos que hemos dejado en urnas sepulcrales, terminaron ya nuestra conjunta expiación, y que la Eterna Ley nos lleva de la mano al Santuario de marfil y oro de su divino festín?

El Archivo de las Edades me ha descubierto muchos secretos tuyos y míos. Con mis viejos labios de Adonai que ya no hablarán más, he comentado más de una vez contigo, Elhisa, la dura expiación que durante cuatro vidas consecutivas

hemos sufrido tú y yo para borrar los pecados de un egoísta amor que nos anulaba para la humanidad llenándonos de nosotros mismos.

“Muchas vidas pasamos amándonos egoístamente sin pensar nada más que en nuestra propia felicidad a la que sin duda habremos sacrificado todo lo que pudiera empañarse. Si en esas cuatro vidas terrestres no pensamos que esa egoísta dicha nuestra era fuente de lágrimas para mucho, era justo que la Eterna Ley hiciera como que olvidaba también nuestra necesidad de dicha en estas tres últimas vidas.

“Hemos olvidado muchas veces la Ley que dice: “Haz con tus semejantes como quieras que se haga contigo”.

“Nosotros encarnados en poderosos personajes hemos pisoteado muchas veces el amor de jóvenes corazones que buscaban la dicha justa y legítima en la unión conyugal.

“¿No hemos comprado doncellas para esclavas, arrancándolas a viva fuerza del amor de sus madres y de sus prometidos? ¿No hemos hecho y deshecho matrimonios como nuestra conveniencia y voluntad lo quería, sin contar para nada con la voluntad de los interesados, cuyas esperanzas e ilusiones deshojamos en flor?

Desde la época remota de Anfión, el Rey Santo, tú y yo hemos escuchado aquella soberana palabra: “No hagas a otro lo que no quieras para ti”.

“¡Oh, Elhisa! El Archivo de las Edades guarda muchos secretos tuyos y míos, y la Eterna Ley es muy severa en castigar los pecados contra el amor.

“Oye: una joven tejedora de lino y un pastorcillo se amaban desde la niñez prometiéndose unirse en matrimonio cuando sus padres dieran su beneplácito. Pero tú y yo quisimos conquistarnos la voluntad del gran monarca cuyos vastos países eran vecinos de nuestro principado, y no vacilamos en tomar como se toman los mejores corderos de una majada, los más apuestos donceles para ofrendarle una hermosa escolta de honor.

“La joven tejedora de lino se arrojó al torrente desde lo alto de un negro peñasco. ¿Para qué desearía ella la vida, si su amado doncel iba a marcharse lejos a ser casado con una extranjera? ¿Pero a ti y a mí, qué nos importaba de pequeños seres que eran sólo una cosa en el mundo de nuestros caprichos y voluntades soberanas?

“¡Qué de veces, tú y yo, tronchamos cruelmente el amor de nuestros súbditos por una simple bagatela sin importancia alguna!

“¿Podemos quejarnos de la Eterna Ley que tan severa se mostró para nosotros en tres vidas consecutivas?”

Elhisa levantó su rostro sombrío de amargura y como si despertara de un sueño le dijo: –No..., no podemos quejarnos sin ser grandemente injustos. ¡Adonai!... Sea lo que sea, lo que fue aceptado por nosotros realizado será por nosotros aunque debamos pasar llorando una vida nueva, tan larga y penosa como las otras (...)

–En tu país y en el mío –continuó diciendo Adonai–, ocurren estos espantosos dramas de los cuales sólo te he hecho un pálido bosquejo. Los países nórdicos forman un vasto continente, y nuestros Kobdas peregrinos no bastan a remediar tantos dolores, o queda su velero azul cautivo de los hielos, o van a aumentar también ellos los amarrados a las cavernas.

“¿No es criminal egoísmo quedar en las tibias claridades de nuestros Santuarios mientras los países en que hemos nacido presencian tales horrores?

–¡Vamos, vamos, hermano mío!..., ¡que no quiero escuchar tus espantosos relatos! ¡Porque parece que vivo en carne propia lo que otros padecen en la suya!

Véase también[editar]

Fuera de la Obra[editar]