El caso de Aldis

De Obra FCU
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Grulla en vuelo, considerada el ave de buen augurio.

Sobre las vicisitudes de la vida cuando el cuerpo físico acrecenta las dificutlades.

Diálogo entre Bohindra y Aldis, el cual es presenciado en estado espiritual por Milcha y Gaudes [1]:

[Dice Bohindra refiriéndose a los viajes que realizaba Aldis en busca de su esposa] –Me decíais que estáis resuelto a no hacer más giras al exterior, porque cada vez que salís, volvéis enfermo del cuerpo y del alma.

–Así es, mas no entiendo la causa –observaba Aldis.

–Mirad, en los años que llevo consagrado puramente a la vida del espíritu, he podido observar que en toda agrupación de seres, el amor de los unos para los otros y la mutua confianza crea y forma en torno suyo, un aura tan poderosa y tan benéfica, que preserva las almas y los cuerpos de los males que le son inherentes.

Eres muy sensitivo, y una vez fuera de este ambiente, te sientes azotado por todas las terribles influencias que empujan en general a los hombres a abandonarse a las cenagosas corrientes de la vida vulgar y grosera. La bestia de la sensualidad se levanta furibunda y hambrienta, y vos mismo decís que os sentís impelido por ella, apenas os alejáis de la Casa de Numú. Eso quiere decir, que en medio del mundo actual sois hombre perdido, y que si estuvierais mucho tiempo apartado de aquí, serías un vicioso como todos.

–Así es, y hasta me avergüenzo de pensarlo cuando estoy aquí dentro, sintiendo la elevada atmósfera de pureza y santidad que aquí se respira. ¿Me creeréis que hasta hubo momentos en que ni el pensamiento de Milcha y de Adamú, ni vuestro recuerdo, eran capaces de borrar las ardientes y seductoras imágenes que me dominaban y me atraían con una irresistible sugestión?

–Lo creo, lo creo –decía Bohindra–, porque habéis tomado una materia tan grosera y pesada, que necesitáis de una intensa irradiación de amor espiritual, para que ella no se convierta en cadena para vuestro espíritu.

–Si Milcha pudiera ver el resultado de mis correrías en medio de los hombres, bendeciría a Dios de que yo me encuentre tan dulcemente protegido entre estos muros, antes de soportar el amargo desengaño de verme arrastrado por el vicio, olvidándome de ella y hasta de mi hijo.

–Yo bendigo al Altísimo que habéis llegado por fin, al convencimiento de que todo absolutamente cuanto os ha ocurrido es uno de los efectos del Amor Eterno, aplicado al mayor bien de todos vosotros. Y bendigo también al Altísimo, que os dio fuerzas para regresar a este nido de paz y de seguridad, porque de no ser así habrías perdido lastimosamente esta encarnación, os habríais salido del aura de protección establecida para vos y no os reuniríais con vuestros compañeros de alianza, sino después de muchos siglos de encarnaciones terribles y de caídas desastrosas.

El doble etéreo de Milcha se alejaba de Aldis casi con horror, y se refugiaba entre el aura paternal y protectora de Gaudes, que le infundía serenidad y valor.

–Mirad por qué –continuó Bohindra–, se aconseja en la Casa de Numú, estudiarse mucho cada uno a sí mismo, y por qué el Alto Consejo debe estar formado por hombres de una gran experiencia en los caminos espirituales. Nosotros debemos observar las fuerzas de nuestro espíritu y también analizar las condiciones de la materia que nos acompaña.

Es un celo y un entusiasmo indiscreto, el que ha llevado a muchos Kobdas al abismo. Y nuestras Crónicas están llenas de ejemplos tristes de hermanos nuestros, que creyéndose fuertes se aventuraron a lanzarse al mundo, los unos a ser mandatarios de pueblos, los otros a servir de Audumblas o Augures cerca de los Jefes o Caudillos que los han solicitado, conociendo sus propias facultades espirituales.

Y no les fue bastante escudo de defensa, el buen deseo que les animaba al salir para tales destinos. En el fondo de ellos mismos, vivía aún como larva aletargada y no muerta, la vanidad, el egoísmo, el amor propio que dentro de esta sutil y purísima atmósfera de olvido de nosotros mismos y de amor recíproco, no se reavivan ni crecen, ni toman cuerpo, y al fin, acaban por morir, del mismo modo que en un organismo puro y limpio no hacen presa los bacilos de ninguna gangrena. Pero esas larvas inmundas, puestas al contacto de una atmósfera enfermiza y viciada, enseguida se yerguen amenazadoras y hambrientas, agostan la vida del alma como los bacilos la vida del cuerpo.

El doble etéreo de Milcha se acercó nuevamente a Aldis, impulsada por Gaudes, se arrodilló de nuevo junto a él y uniendo su cabeza a la del pobre enfermo, le dijo con la voz sin ruido de su pensamiento:

– ¡Perdona mi mezquindad, que en un momento tuve asco de ti!...

– ¡Acaso en otra vida fui yo misma tan débil como tú!...

– ¡Que Milcha y mi hijo, perdonen mi miseria y mi debilidad!... –exclamó Aldis–, porque estoy convencido de que hubiera sido yo, causa de dolor y de tormento para ellos, en medio de la sociedad humana de la actualidad.

¡Qué sabio es Dios!... ¡Qué sabio es Dios!... –exclamaba, oprimiéndose con ambas manos la cabeza. Bohindra le hizo beber un vaso de agua del surtidor de la fuente, y le dijo al retirarse para hacer lo mismo con otros enfermos, que descansaban hacia el lado opuesto del recinto:

No os atormentéis más con el pasado; ahora a pensar en el porvenir. Gaudes y Milcha se alejaron, y la última se despertó en la caverna donde el fuego parecía apagado, y sólo la luz del velón iluminaba débilmente el recinto. Estremecido de frío su cuerpo, Milcha reavivó las ascuas cubiertas por la ceniza, arrojó en ellas paja y ramas secas, y la hermosa llamarada alumbró de nuevo la caverna.

Miró a Evana que dormía y a su lado la grulla. Madina se le acercó a lamer sus manos y ella le dijo: –Dormiremos unas horas y luego me acompañarás para buscar a Adamú, ¿oyes Madina? –la reno obedeció y fue a echarse junto a su numerosa familia.

– ¡Pobre Aldis! –exclamaba hablando consigo misma–. Le he soñado lleno de remordimientos. ¡Guárdale, Dios mío, en tu ley, aunque deba estar separado de mí para toda su vida!

Citas[editar]

  • Velad y orad para no caer en la tentación porque el espíritu es fuerte, pero la materia es débil y produce oscuridad. (El Cristo)

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Orígenes de la Civilización Adámica, cap. "Las glorias del deber cumplido"