El Reino de Dios

De Obra FCU
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Explicación de Yhasua a Judá, Simónides y sus discípulos: (AE, EN PASAELIS)

“Están equivocados los que piensan que en las moradas del Reino de Dios no hay más que la extática contemplación de la Divinidad.

—¿Qué hay pues, a más de eso, si se puede saber? –preguntó el príncipe Judá–. Tengo vivo interés de saber si nuestros grandes hombres del pasado aprobarán o no nuestras actuales obras benéficas en favor de Israel.

—Ya lo he dicho: las aprobarán y cooperarán en ellas. “Como es abajo es arriba”, dice uno de los antiguos principios de la Enseñanza Secreta. Lo cual quiere decir, que en las infinitas moradas que tiene el Padre para corregir o premiar a sus hijos, se realizan obras y trabajos semejantes a los del plano físico, y siempre con los fines de aprendizaje, de cultivo y perfeccionamiento de las almas.

“Hay maestros y discípulos para los cuales hay aulas de una graduación infinita de conocimientos, según la ciencia o el arte que cada espíritu quiere cultivar en sí mismo.

“De aquellas moradas de luz y de eterno progreso, traen sus geniales inspiraciones los músicos, los poetas, los pintores.

“De allí traen sus conocimientos siderales los que se dedican con incansable afán a seguir desde la tierra la ruta de las estrellas, sus dimensiones, las enormes distancias que las separan.

“La alquimia, la astrología y el cálculo en que han descollado tanto los caldeos y los egipcios, de las eternas moradas del Padre las trajeron para beneficio de la humanidad terrestre.

“Y si de las artes y de las ciencias pasamos a lo espiritual y moral, la amplitud de las actividades llega casi a lo inverosímil. No hay obra de piedad y de misericordia en que no se encuentren a centenares y a millares las almas de nuestros hermanos, amigos, parientes, prestando su concurso invisiblemente en la mayoría de los casos, y visiblemente en algunos.

¿Qué otra cosa significan las apariciones de ángeles que refiere la Sagrada Escritura a Abraham, a Jacob, a Moisés y aún a Adamú y Evana en los orígenes de la Civilización Adámica?

“Son la manifestación de las grandes actividades de las almas de los justos en beneficio de sus hermanos encarnados en los planos físicos.

“Ahora en cuanto a tu pregunta, Matheo, si nuestros justos del pasado verán esta obra que acaba de mencionar el príncipe Judá, no hay duda que la ven y la aprueban porque buena y noble es en sus principios y en sus fines. Y la verán de más cerca o de más lejos según la situación actual en que ellos se encuentren. Las almas van y vienen con esa santa libertad, don de Dios para orientar sus caminos hacia donde comprenden que pueden purificarse más, y realizar más grandes avances en la senda eterna del progreso.

“Para formarse una idea más exacta del reino de las almas, podéis figuraros un infinito campo poblado de estancias o moradas, en cada una de las cuales viven las inteligencias desencarnadas, realizando las obras que les lleva la vehemencia de sus afectos, sus convicciones y sus anhelos.

—Y los malos, Maestro..., ¿dónde viven después del sepulcro?... –preguntó Pedro.

—¡Malos, malos!... –dijo pensativo el Maestro–. Es esa una palabra que no siempre expresa la realidad, en cuanto al reino de las almas se refiere. Allí la escala comienza en aquellos que todo lo ignoran y cuyo atraso intelectual y moral es completo: son pues, ignorantes y atrasados. Allí hay abnegados Maestros, Cirios de la Piedad, que les enseñan el camino del bien y de la justicia.

“Los verdaderos malos son espíritus conscientes de que lo son, y quieren seguirlo siendo porque así satisfacen sus aspiraciones de riqueza, de poder, de dominación sobre sus semejantes. Para esos tiene el Padre moradas correccionales severísimas, donde las almas permanecen en padecimientos iguales a los que causaron a sus semejantes, hasta que han comprendido su error y se deciden a cambiar de camino. En estos casos el arrepentimiento y deseo del bien, es la llave de oro que les abre las puertas de inmediato.

“El Padre no tiene cadenas perpetuas, y por eso está mal que los jueces terrestres las impongan. El castigo para ser justo, debe durar lo que dura el deseo del mal.

“Cuando ha cesado el deseo del mal, debe cesar la corrección para dar lugar a la expiación santa que redime, bajo la luz serena de la esperanza en un futuro de paz y de amor”.