Cristianismo

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En este artículo se trata de sintetizar los fundamentos del cristianismo, principalmente en base a los libros de Josefa Luque. Sobre la vida del Cristo está el artículo específico: Yhasua, así también hay una línea temporal exhaustiva en el artículo: Biografía cronológica de Yhasua.

Enseñazas[editar]

Cap. El reino de Dios y Los secretos del Padre.

Máximas[editar]

Frases del Cristo en la Obra:

  • Amad a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a vosotros mismos.
  • Dios da su luz a los humildes y la niega a los soberbios.
  • Los Cielos y la Tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
  • Venid a mí los que camináis agobiados por el peso de vuestra carga, que yo os aliviaré.
  • Levántate y anda que ya es la hora.
  • Buscad primeramente el Reino de Dios y su Justicia; y todo lo demás se os dará como añadidura.
  • Yo soy la luz de este mundo y quien me sigue no anda en tinieblas.
  • Allí donde reina el Amor, todas las leyes sobran porque son sus leyes obras y no palabras.
  • Os dejo mi último mandamiento: “Que os améis unos a otros como yo os amo”.
  • Mi Padre y yo, vendremos a vosotros si os amáis como Él y yo os amamos.
  • Velad y orad para no caer en la tentación porque el espíritu está alerta, pero la materia es débil y pesada. Velad y orad para que vuestra fe no vacile porque aunque el espíritu vela, la materia es tiniebla y a menudo lo obscurece y lo ciega. Velad y orad para no caer en la tentación, porque el espíritu pronto está, pero la materia es débil y produce oscuridad. Velad y orad, porque la materia es tiniebla que oscurece al espíritu.

Frases Bíblicas[editar]

  • Nada hay fuera del hombre algo que entre en él y le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. Nada de lo que entra en la persona la hace impura delante de Dios. Lo que se come no va a la mente sino al estómago, y después el cuerpo lo expulsa. Pues de adentro, del corazón de la persona, salen los malos pensamientos, los crímenes, el adulterio, la avaricia, la perversidad, el engaño, la envidia, la calumnia, el orgullo y la necedad.

Sobre el apostolado[editar]

  • En el amor que os tengáis unos a otros se conocerá que sois mis discípulos.
  • ¡Ya es la hora!... Levantaos, amigos míos, que tenéis toda la humanidad terrestre y veinte siglos por delante para difundir hacia los cuatro puntos cardinales, mi enseñanza de amor fraterno fundada en las últimas palabras de la Ley: “Ama a tu prójimo como te amas a ti mismo”.
  • Estaré con vosotros hasta el final de los tiempos.
  • El que no está conmigo está contra Mí.
  • Los que corren detrás de las cosas del mundo no me aman a Mí.
  • El que pone la mano en el arado y vuelve la cabeza atrás, no es apto para el Reino de los Cielos.

El Padre nuestro[editar]

Tal como viene esta escena relatada en Arpas Eternas [1].

Y él, de pie en la proa de una barca que se balanceaba sobre las olas, rodeado por sus doce inseparables, hablaba a la muchedumbre sobre su tema favorito: "El amor a Dios nuestro Padre y al prójimo nuestro hermano" (...) ¿Cómo debe ser mi súplica al Padre Celestial? Y yo os contesto, que del mismo modo que pide el niño a su madre sin rebuscadas palabras y sin los adornos de la retórica, con la sola expresión de lo que necesita vuestro espíritu y vuestro cuerpo:

  1. ¡Padre nuestro que estás en los cielos!...
  2. alabado sea tu Nombre.
  3. Venga a nosotros tu Reino y hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.
  4. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
  5. Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores
  6. Y no nos dejes caer en la tentación,
  7. mas líbranos de todo mal.

El Padre sabe que todo esto lo necesitáis, mas su divina ternura para vosotros, se deleita en vuestra fe, amor y confianza en Él y quiere que así se lo manifestéis.

El sermón del monte[editar]

Llamado también el sermón de la montaña o "las bienaventuranzas".

[En] un paisaje de montañas verdes y floridas, una multitud de pueblo humilde y sencillo, y un nazareno de cabello partido y ojos garzos, que decía desde una colina:

“¡Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia!”

“¡Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios!”

“¡Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos!”

“¡Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados!”

En el cap. "El año treinta y dos" tenemos:

Sermonmonte7.jpg

“¡Bienaventurados vosotros los pobres, que no maldecís vuestra pobreza y sacáis de ella el tesoro del sufrimiento; vuestro es el Reino de los cielos!

“¡Bienaventurados vosotros que lloráis en silencio, oprimidos por la congoja porque a vuestro lado llega la consolación!

“¡Bienaventurados vosotros los mansos que amáis la paz y la concordia porque el amor será en la tierra vuestra heredad!

“¡Bienaventurados los que tenéis hambre y sed de justicia, porque la veréis resplandecer para vosotros hasta la saciedad!

“¡Bienaventurados los que tenéis el corazón misericordioso, porque alcanzaréis abundancia de misericordia!

“¡Bienaventurados los sembradores de paz entre los hombres, porque seréis contados entre los hijos de Dios!

“¡Bienaventurados los que tenéis puro y sencillo el corazón, porque veréis a Dios en todo cuanto vive en la Creación Universal!

“¡Bienaventurados los que padecéis persecución por la verdad y la justicia, porque vuestro es el Reino de Dios, suprema Verdad y Suprema Justicia!

Parábolas[editar]

El tesoro escondido[editar]

El reino del cielo es como un tesoro escondido que un hombre descubrió en un campo. En medio de su entusiasmo, lo escondió nuevamente y vendió todas sus posesiones a fin de juntar el dinero suficiente para comprar el campo.

El sembrador[editar]

¡Escuchen! Un agricultor salió a sembrar. A medida que esparcía las semillas por el campo,

  1. algunas cayeron sobre el camino y los pájaros vinieron y se las comieron.
  2. Otras cayeron en tierra poco profunda con roca debajo de ella. Las semillas germinaron con rapidez porque la tierra era poco profunda; pero pronto las plantas se marchitaron bajo el calor del sol y, como no tenían raíces profundas, murieron.
  3. Otras semillas cayeron entre espinos, los cuales crecieron y ahogaron los brotes;
  4. pero otras semillas cayeron en tierra fértil, ¡y produjeron una cosecha que fue treinta, sesenta y hasta cien veces más numerosa de lo que se había sembrado!

El que tenga oídos para oír, que escuche y entienda. (...)

Escuchen ahora la explicación de la parábola acerca del agricultor que salió a sembrar:

  1. Las semillas que cayeron en el camino representan a los que oyen el mensaje del reino y no lo entienden. Entonces viene el maligno y arrebata la semilla que fue sembrada en el corazón.
  2. Las semillas sobre la tierra rocosa representan a los que oyen el mensaje y de inmediato lo reciben con alegría; pero, como no tienen raíces profundas, no duran mucho. En cuanto tienen problemas o son perseguidos por creer la palabra de Dios, caen.
  3. Las semillas que cayeron entre los espinos representan a los que oyen la palabra de Dios, pero muy pronto el mensaje queda desplazado por las preocupaciones de esta vida y el atractivo de la riqueza, así que no se produce ningún fruto.
  4. Las semillas que cayeron en la buena tierra representan a los que de verdad oyen y entienden la palabra de Dios, ¡y producen una cosecha treinta, sesenta y hasta cien veces más numerosa de lo que se había sembrado!

Los dos hijos[editar]

Un hombre con dos hijos le dijo al mayor: “Hijo, ve a trabajar al viñedo hoy”. El hijo le respondió: “No, no iré”, pero más tarde cambió de idea y fue. Entonces el padre le dijo al otro hijo: “Ve tú”, y él le dijo: “Sí, señor, iré”; pero no fue. ¿Cuál de los dos obedeció al padre?

El trigo y la maleza[editar]

El reino del cielo es como un agricultor que sembró buena semilla en su campo. Pero aquella noche, mientras los trabajadores dormían, vino su enemigo, sembró hierbas malas entre el trigo y se escabulló. Cuando el cultivo comenzó a crecer y a producir granos, la maleza también creció.

Los empleados del agricultor fueron a hablar con él y le dijeron: “Señor, el campo donde usted sembró la buena semilla está lleno de maleza. ¿De dónde salió?”.

“¡Eso es obra de un enemigo!”, exclamó el agricultor.

“¿Arrancamos la maleza?”, le preguntaron.

“No —contestó el amo—, si lo hacen, también arrancarán el trigo. Dejen que ambas crezcan juntas hasta la cosecha. Entonces les diré a los cosechadores que separen la maleza, la aten en manojos y la quemen, y que pongan el trigo en el granero”»

(...)

—El Hijo del Hombre es el agricultor que siembra la buena semilla. El campo es el mundo, y la buena semilla representa a la gente del reino. La maleza representa a las personas que pertenecen al maligno. El enemigo que sembró la maleza entre el trigo es el diablo. La cosecha es el fin del mundo, y los cosechadores son los ángeles.

Tal como se separa la maleza y se quema en el fuego, así será en el fin del mundo. El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y ellos quitarán del reino todo lo que produzca pecado y a todos aquellos que hagan lo malo. Y los ángeles los arrojarán al horno ardiente, donde habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre.

¡El que tenga oídos para oír, que escuche y entienda!

Sobre el Reino de Dios[editar]

El reino del cielo es como una semilla de mostaza sembrada en un campo. Es la más pequeña de todas las semillas, pero se convierte en la planta más grande del huerto; crece hasta llegar a ser un árbol y vienen los pájaros y hacen nidos en las ramas

El reino del cielo es como la levadura que utilizó una mujer para hacer pan. Aunque puso solo una pequeña porción de levadura en tres medidas de harina, la levadura impregnó toda la masa.

El eunuco[editar]

Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba. (Mateo 19:12)

Cristianismo primitivo[editar]

Oración del credo cristiano[editar]

Palabras pronunciadas por el anciano esenio del monte Moab llamado Eliezer de Esdrelón en la primera gran asamblea de los amigos íntimos de Yhasua después de su partida:

Creo en Dios Padre Todopoderoso,
Creador de cuanto existe
en los Cielos y en la Tierra.
¡Creo en Ti, Cristo Divino, su Hijo,
descendido a la Tierra
por un prodigio supremo del amor!

¡Creo en la grandeza sobrehumana de tus obras,
que hemos visto deslizarse
como una corriente de agua de vida y de salud
sobre todas las miserias humanas;
como un astro radiante
iluminando las tinieblas de la vida
y las angustias de la muerte!

¡Creo en el heroísmo de tu amor a la humanidad,
por la que diste tu sangre y tu vida
en holocausto eterno a la Idea Divina,
que vino contigo a la tierra
en mensaje de verdad y de luz!

¡Creo en tu salida gloriosa del sepulcro,
porque te hemos visto luminoso y radiante
como un sol de amanecer,
que se enciende y que se apaga
cuando el amor se desborda de tu seno
y te das en oblación a todos
los que te hemos amado y seguido!

¡Y que estas protestas de nuestra fe en Ti,
sean como la eterna luz de un faro
en todas las tormentas y borrascas
que azotan nuestra barquilla,
en las centurias largas que hemos de correr
hasta el final de este ciclo!

Rol de los apóstoles y esenios[editar]

En palabras del Apóstol Judas Tadeo, refiriéndose a la vida entre los esenios que tuvo en el Monte Hermón: (AE, EL APOSTOL JUDAS TADEO)

“¡Qué retiro y soledad más fecundos!

“¡No sé si andando yo por el mundo realizaré tantas obras de amor como ellos en su soledad!

“A veces siento el deseo de quedarme aquí para siempre.

“Pero los Ancianos se asustaron de esto que ellos llaman una tentación del espíritu del mal e hicieron oración para que yo fuera iluminado.

“Tuve la palabra espiritual de nuestro Señor el Cristo, que me dijo:

  • “La soledad de los esenios, es el cofre de oro que recoge y guarda la vibración eterna de la Divinidad sobre las criaturas humanas;
  • y mis Doce y sus compañeros son la palabra mía que guía a la humanidad a sus destinos futuros”

Tergiversación[editar]

En el capítulo "Una luz en las tinieblas..." del libro Arpas Eternas, el autor Hilarión hace una digresión sobre el cristianismo:

Concesiones de un lado, tergiversaciones de otro, añadidos y supresiones según fines determinados y ulteriores lo exigieron, todas estas fundaciones ideológicas [escuelas de los Sabios de Oriente] iniciadas con los principios básicos de la Verdad y con los fines más nobles y altruistas, vieron adherírseles complicadas y pomposas liturgias,

como vemos ha ocurrido al mismo Cristianismo, comenzando por el Divino Fundador con la única oración del Padre Nuestro, y con los cimientos de las Bienaventuranzas o Sermón de la Montaña, sublime y sencilla enseñanza del Cristo,

  • sentado en una barca de pescadores del lago Tiberíades,
  • o sobre el tronco de un árbol caído,
  • o desde lo alto de una montaña florida de la hermosa y tranquila Galilea.

Difusión[editar]

(...) el buen investigador en cuestiones filosóficas y religiosas, colocado en el altiplano de una imparcialidad completa, puede apreciar la obra sublime y grandiosa, realizada por los apóstoles misioneros del pasado, a los cuales debemos la parte pequeña o grande de la Eterna Verdad que alumbra nuestro camino.

Esto es lo que hay de común entre el Cristianismo y las filosofías o religiones derivadas de las fundaciones de aquellos cuatro ilustres aliados de Yhasua, y precursores suyos, anteriores al Bautista: Melchor, Gaspar, Baltasar y Filón de Alejandría. Su obra ideológica fue fecunda a pesar de todo.

Gaspar[editar]

Gaspar, contribuyó a que en el lejano Oriente resurgiera, mejor comprendido y practicado el Budismo, cuyos principios básicos persisten bien definidos, en la península Indostánica, en China, parte de Japón y algunas de las grandes islas del Pacífico.

Baltasar[editar]

Baltasar, cooperó a que en Persia y otras naciones del Asia Menor y de la Europa Central, dieran los primeros pasos cortos y vacilantes si se quiere, hacia los principios de justicia, libertad y fraternidad humana.

Melchor[editar]

Melchor, preparó la Arabia y países vecinos, para el advenimiento del Korán, que es en el fondo un vivo reflejo de la Sabiduría de Moisés, y una continuación de la doctrina de la purificación por el agua, la oración y la penitencia, implantada por Yohanán el Bautista en las orillas del Jordán.

Filón[editar]

Y Filón de Alejandría, cooperó al resurgimiento de la filosofía Kobda y Antuliana en los valles del Nilo, hasta el punto de que un espiritualista amante del pasado y soñador con el porvenir, creería ver dándose la mano, al pie de las Pirámides egipcias a Antulio el gran filósofo atlante, con Abel de los valles del Éufrates.

Los doce discípulos[editar]

Los doce discípulos fueron:

  1. Pedro
  2. Juan
  3. Santiago
  4. Andrés
  5. Zebeo
  6. Tomás
  7. Felipe
  8. Mateo
  9. Bartolomé
  10. Judas Tadeo
  11. Nathaniel
  12. Judas de Kerioth

Más detalle acerca de cada uno de ellos se encuentra en el artículo: Los doce discípulos.

Cisma[editar]

En el capítulo "Una luz en las tinieblas..." del libro Arpas Eternas, el autor Hilarión hace una digresión sobre el cristianismo:

Aquí cabe examinar y analizar el por qué se ha desvanecido en la sombra, la importante obra de dicha grandiosa Institución [los Esenios], que al igual que los Profetas Blancos, los Dakthylos y los Kobdas, realizó una obra misionera de alto merecimiento, para el progreso espiritual de las porciones de humanidad a las cuales prestó sus beneficios.

Cuando en el siglo II después de Cristo, la naciente cristiandad empezó a dar formas definidas y concretas a la disciplina espiritual, moral y material, sobre que había de cimentar su futura existencia, hubo un sinnúmero de divergencias sobre dicho tema.

Y con tanto ardor y fuego fueron sostenidas las controversias, cada cual por la forma y modo como juzgaba que debía continuar e interpretarse la enseñanza de Cristo, que se formaron bandos contrarios, los cuales se adjudicaban a sí mismos la posesión de la verdad, y los unos llamaron falsarios a los otros.

Y las cristiandades modestas y pobres, con escasos recursos, fueron desapareciendo lentamente, o refugiándose sus individuos aislados en el judaísmo, o en las religiones de los países en que vivían.

Las cuatro ramas[editar]

Cuatro fueron las ramas que quedaron con vida después de las grandes luchas del siglo I y II. Las fundadas por:

Intervención de los Esenios[editar]

Los Ancianos del Alto Consejo de Moab intervinieron al principio, para llamar a una coordinación de toda la enseñanza, analizando punto por punto todo cuanto se había escrito referente al Cristo. (Cf. capítulo 1 de Cumbres y Llanuras)

Pedro y Juan estuvieron en un todo de acuerdo con las opiniones de los Ancianos. Pablo lo estuvo después también.

El que no aceptó el acuerdo fue Santiago, que ya al frente de la congregación de Jerusalén, la constituyó en las normas judaicas que persistió en los primeros siglos.

Visto por los Ancianos de los Santuarios, que sus esfuerzos eran ineficaces, se encerraron en sus cavernas para evitar sufrimientos y persecuciones, y se dedicaron:

  • a los enfermos abandonados,
  • y a multiplicar las copias de los originales escritos por testigos oculares de la vida del Cristo.

Los esenios fueron considerados como una fracción disidente de la comunidad cuando ésta quedó constituida en la forma que creyeron justo darle los dirigentes, después de desaparecidos los Doce Apóstoles y los más íntimos amigos del Divino Maestro.

Y fue así, como el tesoro de Sabiduría Divina guardado fidelísimamente por los esenios, se perdió en la sombra de sus cavernas de rocas, y lo poco que de allí salió mediante los esenios del exterior, ha ido cambiando de formas y de coloridos a través de los siglos y de la incomprensión humana.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Arpas Eternas, cap. "El año treinta y uno"