Cantos a los cuatro elementos

De Obra FCU
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(OC, EN EL ÉUFRATES)

(Los Kobdas) se aprestaron a la grande solemnidad inaugural del nuevo Santuario del pensamiento, que habían levantado para secundar al Verbo de Dios, en sus tareas de misionero divino en medio de la humanidad.

“Antes de todo trabajo mental de importancia el Kobda debe ponerse en contacto íntimo con la naturaleza en sus primordiales elementos: Agua, tierra, aire y fuego” –decía su ley.

Agua[editar]

Y comenzaron por sumergirse todos ellos en las piscinas de las salas de baño, mientras el grupo de cantores–músicos entonaba la melodiosa “Canción del Agua” para buscar la armonía con las entidades que evolucionan y viven en el líquido elemento: las Nereidas y las Ondinas.

Agua mansa, Agua dulce Que me cantas tus divinas melodías de cristal. Que me lavas con el beso De tus ondas azuladas Y me brindas la dulzura De tu paz.

Agua mansa, Don Divino Que me ofreces tu frescura Mientras absorbes mi sed; Agua dulce Que me dejas tu energía y tu sosiego Y te llevas mis fatigas en tropel.

Agua pura, me sumerjo en tus efluvios Y te canto con el alma La salmodia del amor. Mientras tú me refrigeras y te llevas La impureza de la carne Y las fiebres del dolor.

Tierra[editar]

Después cada uno depositaba con amorosa devoción, una semilla en la tierra para unificarse con ella, como dos buenos amigos que se dan el ósculo fraterno al encontrarse de nuevo en las infinitas vueltas de un largo viaje.

¡Madre tierra, madre santa Madre amada! ¡Que me das de la sustancia Que elaboran tus entrañas En el pan que me alimenta Y en la flor que me recrea!

¡Madre tierra, que te olvidas de ti misma Y abres huecos en tu seno Y fecundas con tu aliento La simiente que cobijas, Y alimentas las raíces De los árboles gigantes!

¡Madre tierra!..., cuando nada Ha quedado que no has hecho Por los mismos que te hollamos En tu grandeza callada, Abrazas mi carne inerte, Tus entrañas son mi tumba Cuando me hiere la muerte, Y a los míseros despojos ¡Ni el más amante los quiere!

¡Madre tierra, te bendigo! ¡Madre tierra, yo te canto!... ¡Cuando vivo me alimentas y en la muerte Me cobijas con tu manto!

Fuego[editar]

Del hogar común recogía cada cual unas ascuas encendidas en un pebetero y en larga columna daban una vuelta en torno del edificio, quemando esencias y yerbas aromáticas, mientras evocaban en un canto a coro, a las Inteligencias que dominan el fuego:

Llama viva, Don Divino Purifica las escorias De la vida material. Fuego santo, que calientas Y das vida Como el seno maternal.

Fuego santo, las esencias Dan perfume cuando sienten Tu rojizo resplandor, Como esencia dan las almas, Cuando en ardiente ascua viva, Las purifica el dolor.

Viento[editar]

Y hecho esto, y antes de entrar en la Mansión de la Sombra, aspiraban por tres veces con gran fuerza el aire puro de la pradera y del bosque, bendiciendo al Altísimo mediante un elevado pensamiento por el magnífico don del aire, gran conductor de ondas armónicas y generador de fuerzas y corrientes necesarias a la vida de los seres.

¡Hálito puro que soplas Como una suave caricia, Ola de esencia divina Que todo lo purifica!...

Airecillo gemebundo Brisa que hueles a flores, Ola que vas y que vienes ¡Como un mensaje de amores!...

Eres el beso que deja El Dios Amor a sus hijos, ¡Aire puro que me besas, Como a Dios yo te bendigo!

¡Aire puro que me alientas, Y mi sangre purificas, Portador de vida nueva, Renovador de energías!...

Como el agua, como el fuego, Como la tierra..., eres mío. ¿Quién podrá jamás quitarme Todo cuanto es don divino? ¡Aire puro que me traes Vibración del Infinito, Aire puro que me alientas, Como a Dios yo te bendigo!