Del desprecio de toda honra temporal

PK DIÁLOGO III-46

Del desprecio de toda honra temporal

Cristo:

Hijo mío, no sufras si a los otros Les ves mucha honra levantar Y tú, ser despreciado y abatido A grande indignidad.

Levanta a Mí tu corazón doliente Mírate en Mí que lo sufrí también Y ninguna amargura ha de causarte El menosprecio que los hombres den.

El Alma:

¡Oh, Señor mío!... En ceguedad estamos Y muy presto nos entra vanidad, Pareciendo que todo se nos debe Y en realidad no merecemos más.

Si bien miro en mis días ya pasados Criatura alguna me injurió jamás, Ni tendría en justicia que quejarme Si alguno lo hubiese hecho de verdad.

Porque yo muchas veces gravemente He traspasado tu sagrada Ley, Y es razón de que todas las criaturas Me arrojen a la frente su desdén.

¿Puedo quejarme con justicia entonces De los desprecios y la confusión?... A Ti sólo la gloria y la alabanza Que Tú sólo mereces, ¡oh, Señor!

Y si no alcanzo a recibir de agrado La injuria, el desamparo y el desdén, No merezco, Señor, tus alegrías Ni ser considerado un hijo fiel.